Cuando catar la orina te confirmaba una diabetes…
Shora | 8 Abril, 2010 | 12:34 pm
En la actualidad, diagnosticar una diabetes es una tarea relativamente sencilla. Los signos y síntomas suelen ser bastante evidentes cuando ya está establecida (sed, gran volumen de micción, cansancio, pérdida de peso…) y confirmarlo mediante una prueba de glucosa en sangre es coser y cantar. Sin embargo, hace siglos cuando no existían pruebas de laboratorio para cuantificar la glucosa, confirmar el diagnóstico era algo más complejo, artesanal y… repugnante.
Pese a que prácticamente todo el mundo conoce en qué consiste esta enfermedad tan frecuente, pocas personas saben cual es el peculiar origen del término diabetes mellitus (que es el nombre rimbombante y científico para referirnos a la diabetes convencional -tipo I, II y gestacional- y distinguirla de otras muy distintas como la diabetes insípida).
Pues bien, el significado griego de “diabetes mellitus” vendría a ser algo así como “sifón endulzado con miel”. El término “sifón” es una forma muy expresiva para referirse a la gran cantidad de orina que eliminan los diabéticos y “endulzado con miel” se refiere al característico sabor dulce que tiene la orina de éstos. Uno de los principales signos que provoca una elevada cantidad de glucosa en sangre es que cierto porcentaje de este azúcar termina eliminándose por la orina (algo que no suele suceder en condiciones normales). Como además la glucosa necesita mucha agua para eliminarse a través del pis, se elimina gran volumen de ésta lo cual es el signo más típico de la esta enfermedad: Mear a chorro cada dos por tres o, dicho de forma más fina: diabetes; un término que se utilizó por primera vez en el siglo II de la mano del médico griego Areteo de Capadocia.
¡Que no cunda el pánico! Este post no va a tratar sobre los típicos tópicos al estilo “Los Hombres son de Marte, las Mujeres de Venus” ni les voy a contar una 


Hoy les daré una visión más amplia de un producto que todos hemos visto a través de los medios de comunicación. Pero no esa visión tierna, entrañable y prometedora a la que nos tienen acostumbrados, no. Una visión de lo que ocurre en realidad, de lo que hay de cierto en todas esas falsas promesas y resultados y que jamás verán reflejado en los grandes medios.
Pues sí, como lo leen, las mujeres que viven juntas durante bastante tiempo tienden a sincronizar los ciclos menstruales. Una curiosidad que puede que muchas de las lectoras de este blog ya sepan o incluso algunas hayan experimentado al convivir con más mujeres.





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