¿Influyen los medios de comunicación en el “contagio” de suicidios?
Shora | 17 Marzo, 2010 | 12:35 pm
Entre los medios, existe un comprensible, extendido y paradójico tabú sobre el suicidio. Por un lado, el miedo entre los periodistas a fomentar la aparición de más suicidios restringe mucho la información seria que se aporta sobre este fenómeno. Por el otro, cuando la persona que se suicida es famosa y/o su suicidio ocurre en circunstancias morbosas, muchos medios no dudan en acercarse frívolamente al asunto desde las páginas de sucesos. Pero, ¿es cierto que hablar desde los medios sobre suicidios induce a más suicidios o puede ser, al contrario, un buen recurso para prevenirlos?
Hace unas pocas semanas, nos enterábamos de que la primera causa de muerte violenta en España es ya el suicidio. El importante descenso de la mortalidad por accidentes de tráfico ha dejado al suicidio en el lamentable primer puesto con 3.421 personas fallecidas en 2008. Esto ha permitido que los medios se hayan animado un poco últimamente a hablar sobre este tema, que tantas veces se omite por miedo, desconocimiento y por ser una cuestión delicada de tratar. Ahora que el tema está de actualidad, la pregunta vuelve a resurgir, ¿es prudente que los medios hablen sobre el suicidio o es conveniente que omitan cualquier información sobre éste? La respuesta, tras numerosas investigaciones sobre el asunto, es clara: Depende de cómo se trate el tema del suicidio.



La mente humana es ciertamente paradójica en algunos aspectos. De forma innata, el ser humano busca la sensación de seguridad, de sentirse protegido para poder vivir sin que los miedos ni los pesares se le echen encima. Sin embargo, al mismo tiempo, el hombre tampoco tolera la total seguridad, la ausencia completa de riesgo. El aburrimiento, la falta de emociones, la desidia y la sensación de estar restringiendo las opciones que da la vida, motivan al ser humano a mantener un equilibro entre la seguridad que está dispuesto a mantener y el riesgo que está dispuesto a asumir.
A pesar de las características generales de los experimentos, hubo uno realmente emblemático y que ayudó a responder qué era aquello más importante para el ser humano siendo un bebé.
Este comportamiento, tan claro al principio, iba perdiéndose conforme los monos iban haciéndose adultos y cada vez iban buscando más el alimento que el contacto “materno”.
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Justo el síndrome opuesto al síndrome de Estocolmo. En el síndrome de Lima los secuestradores se vuelven más compasivos con la situación y necesidades de los rehenes.
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El síndrome inverso al síndrome de Capgras. El
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