Herbolarios: El coqueteo diario con la ilegalidad
Shora | 3 Marzo, 2010 | 12:46 pm
En casi cualquier feria que se precie, entre los distintos puestos de joyas de fantasía, ropa artesanal y tómbolas vendiendo Wiii de Nintondo, encontramos a los tradicionales herbolarios ambulantes. Repletos de sacos con distintas hierbas y rotuladas para cientos de indicaciones: Reuma, dolor, estrés, estreñimiento, hipertensión, impotencia… Pocas son las dolencias que se quedan sin tratar por estas maravillosas hierbas que se llevan de aquí para allá, de feria en feria.
Pese a la permisividad social ante las prácticas de herbolarios ambulantes lo cierto es que estas prácticas están catalogadas como ilegales en la ley del Medicamento (25/1990), concretamente en el artículo 42 sobre las plantas medicinales donde se dice:
3. Podrán venderse libremente al público las plantas tradicionalmente consideradas como medicinales que se ofrezcan sin referencia a propiedades terapéuticas, diagnósticas o preventivas quedando prohibida su venta ambulante.
Que si el café podría ser bueno para la diabetes, que si los Omega 3 ayudarían a prevenir las enfermedades cardiovasculares, que si el consumo de ajo podría ser recomendable para reducir la aparición de un cáncer… Titulares clónicos como éstos están a la orden del día en los medios de comunicación. Son los “comodines” del periodismo sanitario. Si un día no sabes de qué escribir o no hay nada relevante de actualidad en el ámbito sanitario siempre puedes recurrir a un alimento y hacer una noticia sobre lo último que se ha investigado sobre sus beneficios saludables. Siempre tendrás garantizado el material porque estudios como esos salen como churros y si se trata de un alimento muy consumido será una noticia bastante leída.
Desde hace pocos años, las empresas especializadas en
Desde el último intento fallido de 
La mente humana es ciertamente paradójica en algunos aspectos. De forma innata, el ser humano busca la sensación de seguridad, de sentirse protegido para poder vivir sin que los miedos ni los pesares se le echen encima. Sin embargo, al mismo tiempo, el hombre tampoco tolera la total seguridad, la ausencia completa de riesgo. El aburrimiento, la falta de emociones, la desidia y la sensación de estar restringiendo las opciones que da la vida, motivan al ser humano a mantener un equilibro entre la seguridad que está dispuesto a mantener y el riesgo que está dispuesto a asumir.
Medalla de bronce Antisalud Pública 2009 a… La Organización Médico Colegial. Contribución: 

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