La evidencia científica tras los alimentos y complementos dietéticos más populares
Shora | 26 febrero, 2010 | 10:55 PM
Que si el café podría ser bueno para la diabetes, que si los Omega 3 ayudarían a prevenir las enfermedades cardiovasculares, que si el consumo de ajo podría ser recomendable para reducir la aparición de un cáncer… Titulares clónicos como éstos están a la orden del día en los medios de comunicación. Son los “comodines” del periodismo sanitario. Si un día no sabes de qué escribir o no hay nada relevante de actualidad en el ámbito sanitario siempre puedes recurrir a un alimento y hacer una noticia sobre lo último que se ha investigado sobre sus beneficios saludables. Siempre tendrás garantizado el material porque estudios como esos salen como churros y si se trata de un alimento muy consumido será una noticia bastante leída.
El principal inconveniente es que la amplia mayoría de los estudios sobre los beneficios para la salud de los alimentos o complementos dietéticos son estudios ecológicos y estudios sobre animales o in vitro en el laboratorio. En el segundo caso, es difícil extrapolar los resultados a seres humanos hechos y derechos y, en muchos casos, no tienen por qué coincidir.
Gracias a Internet, meterse en la cocina a probar y experimentar con nuevas recetas se ha vuelto cada vez más sencillo hasta para los más patosos (entre los que me incluyo). En pocos clics tienes acceso a una inmensidad de guías de cocina, recetas y consejos que dejan enana a cualquier biblioteca convencional que se tenga sobre libros de cocina. Pero la cosa no queda ahí. Gracias a los formatos multimedia, ahora todo el mundo tiene al alcance de su mano gran cantidad de recetas en vídeo o en audio donde se describen paso por paso cada una de las etapas para preparar un plato. Su ventaja principal frente al programa de televisión de cocina en directo es que te permite acceder a cualquier contenido que quieras en cualquier momento y pausar siempre que lo desees para ir a tu ritmo.
Cada vez veo menos la tele, pero la sigo viendo, lo confieso. Aquellos que me conocen saben que la pongo sólo para comer y cenar aprovechando así que veo los Simpsons y los posteriores Informativos, para desinformarme un poco de como va el mundo hoy. Pero, ni en una franja tan minúscula de visión televisiva, me ahorro los tremendamente engañosos anuncios de vitaminas, con el Supradyn como su máximo exponente y que aprovechan estas fechas para buitrear por ser de “estrés y agotamiento físico”.
Y no, con pozos sin fondo no me refiero a los imaginarios abismos tan utilizados en la literatura fantástica sino a unos estómagos de unos pocos elegidos que parecen agujeros negros de todo lo que pueden llegar tragar. Sin lugar a dudas, 



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