Los patinazos de los Nobel de Ciencia (II)
Shora | 2 noviembre, 2010 | 8:43 AMContinuamos con la segunda parte de “Los patinazos de los Nobel de Ciencia” para profundizar un poco más en los solemnes errores de los más eminentes científicos, esta vez con tintes paranormales.
Charles Richet y el espiritismo
Charles Richet fue un médico francés que ganó el Premio Nobel de Medicina en 1913 por sus investigaciones sobre la anafilaxia (una reacción inmune global, desproporcionada y peligrosísima hacia un determinado alérgeno), término que él mismo acuñó.
Richet tenía una mente muy inquieta y, además de dedicarse a investigaciones médicas, también escribía poesía, obras de teatro, libros de historia, sociología y filosofía, practicaba la aviación … Vamos, todo un todoterreno. Tan multidisciplinar fue que también se dedicó a un campo un tanto pintoresco para nosotros en la actualidad pero muy de moda y muy tomado en serio en aquella época en la que él vivió: el espiritismo.
No hay mayor reconocimiento social y científico en el mundo para un investigador que el hecho de recibir el Premio Nobel. Conseguirlo no sólo aporta el prestigio máximo del mundo de la ciencia sino que, en muchos casos, la persona pasa de ser casi un completo desconocido a una autoridad pública encumbrada por los medios de comunicación. Que los Nobel elevan a sus premiados al Olimpo de la Ciencia no es, en cierto modo, una exageración: Sus discursos y afirmaciones pasan al plano público con una autoridad casi divina. Sin embargo, a menudo se nos olvida que, pese a ser personas sobresalientes en campos concretos de la ciencia, siguen siendo tan humanos como nosotros, lo que incluye la humana propiedad de equivocarse, incluso estrepitosamente.


Suscripción RSS





Últimos comentarios