La dama y la muerte: Una reflexión sobre el encarnizamiento terapéutico
Shora | 21 febrero, 2010 | 7:14 PMEl corto de animación 3D “La Dama y la muerte“ ha resultado ser una agradable sorpresa. Creado por españoles, no sólo ha sido bien recibido por el público sino también por la crítica. Tanto es así que ha resultado ser ganadora de un Goya y está nominada a los Oscars en la categoría de corto animado.
El mensaje del vídeo resulta atípico, casi contradictorio con lo que estamos acostumbrados a ver: La muerte es siempre el archienemigo a combatir, los médicos son los héroes y la muerte de una persona es algo a evitar a toda costa y a cualquier precio. Sin embargo, en este vídeo encontramos una situación totalmente diferente. La dama siente que ha llegado su hora y lo acepta con tranquilidad, hasta que una reanimación cardíaca le aparta de su destino y así comienza una encarnizada lucha terapéutica por mantener su vida un poco más sin tener en cuenta lo más mínimo su opinión.
En nuestra sociedad, pese a que todos vamos a morir más tarde o más temprano, la muerte casi siempre es percibida como un fracaso y un tema tabú. Por eso mismo, las voluntades anticipadas o testamento vital, ese documento por escrito que nos permite decidir sobre nuestro final cuando no seamos capaces de expresarlo por nosotros mismos, es una manera de garantizar nuestra voluntad ajena a esa percepción de fracaso y evitar un desenlace no elegido por nosotros. Porque tan importante es estar sano como tener una muerte digna acorde con nuestros deseos cuando llegue nuestra hora.
El día que la muerte deje de considerarse un fracaso, las personas tendrán la libertad para decidir pasar sus últimos días en otro lugar que no sea un hospital, como en la intimidad del hogar, en compañía de la familia.
A continuación, pueden ver el vídeo, tanto en su versión en alta calidad (en The Lady and the Reaper) como por Youtube:
Ya tratamos anteriormente en este blog la muerte y cómo algunas veces certificarla médicamente no es tan fácil como parece. En “
Aunque parezca una perogrullada, el hecho de encontrarse un cadáver en el agua no tiene por qué implicar necesariamente que haya muerto ahogado. Esto es muy obvio cuando encuentras al cadáver con alguna herida de arma de fuego, arma blanca o cualquier otra lesión “contundente” que ya te dice a gritos que la causa de la muerte es por un traumatismo y que el papel del agua puede ser desde meramente “ambiental” (la persona se golpeó accidentalmente y cayó posteriormente al agua) o como forma de ocultar el cadáver porque ha sido un asesinato. ¿Pero si la causa de la muerte no es tan obvia como un traumatismo, cómo podemos saber si el agua estuvo o no implicada?
Según parece, este despropósito comenzó en un “



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