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	<description>Blog de medicina y salud</description>
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		<title>Naukas Coruña 2019. ¡Ya se pueden conseguir las entradas!</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Shora]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 22 Apr 2019 08:43:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[General]]></category>
		<category><![CDATA[Naukas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Se acaba de publicar el programa de Naukas Coruña 2019 sobre Medicina y Salud en el siglo XXI y ya se pueden conseguir las entradas. El 8 de junio en el teatro Rosalía de Castro, estaremos médicos, científicos y divulgadores para explicaros diferentes cuestiones sobre temas candentes de la medicina. Yo participaré con la charla: «¿Es grave, doctor Google?» Bulos&#8230; </p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Se acaba de publicar el programa de <a href="https://www.eventbrite.es/e/entradas-mc2-presenta-naukas-coruna-2019-medicina-y-salud-en-siglo-xxi-59880576416">Naukas Coruña 2019 sobre Medicina y Salud en el siglo XXI</a> y ya se pueden conseguir las entradas. El 8 de junio en el teatro Rosalía de Castro, estaremos médicos, científicos y divulgadores para explicaros diferentes cuestiones sobre temas candentes de la medicina.</p>
<p>Yo participaré con la charla: «<strong>¿Es grave, doctor Google?»</strong></p>
<blockquote><p>Bulos y estafas sanitarias conviven con información de salud contrastada y fiable en el caos de las redes sociales y las páginas webs. Nunca habíamos podido acceder a tanta información y, al mismo tiempo, nunca habíamos estado expuestos a tanta desinformación. Así es Internet, un arma sanitaria de doble filo.</p></blockquote>
<p>&nbsp;</p>
<p><a href="https://www.eventbrite.es/e/entradas-mc2-presenta-naukas-coruna-2019-medicina-y-salud-en-siglo-xxi-59880576416"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-8365" src="https://medtempus.com/wp-content/uploads/2019/04/Naukas-Coruña.jpg" alt="Naukas Coruña" width="800" height="400" /></a></p>
<p>¡Ah! La actividad es totalmente gratuita, así que si estáis por allí por esas fechas, no os olvidéis de conseguir ya las entradas. Solo 30 minutos después de la publicación del evento ya se habían repartido el 41 % de ellas. Si os interesa acudir a Naukas Coruña, ¡no tardéis en conseguirlas! <img src="https://s.w.org/images/core/emoji/17.0.2/72x72/1f642.png" alt="🙂" class="wp-smiley" style="height: 1em; max-height: 1em;" /></p>
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		<title>Reportaje: Las trampas y sorpresas de la memoria</title>
		<link>https://medtempus.com/archives/reportaje-las-trampas-y-sorpresas-de-la-memoria/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Shora]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 08 Nov 2018 12:46:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Neurología]]></category>
		<category><![CDATA[cerebro]]></category>
		<category><![CDATA[memoria]]></category>
		<category><![CDATA[Naukas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Ideas principales: Nuestra memoria no es como una fotografía sino más similar a un lienzo en desarrollo. No existe una única memoria, sino varias memorias diferentes según su duración y tipo de recuerdo. Volver a recordar es como hacer una fotocopia sobre otra fotocopia anterior: se producen pequeñas variaciones. Se pueden distorsionar los recuerdos e incluso insertar falsos recuerdos a&#8230; </p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><img decoding="async" class="size-medium wp-image-5110 alignright" src="https://medtempus.com/wp-content/uploads/2013/06/Cerebro-virtual-400x300.jpg" alt="Cerebro" width="400" height="300" srcset="https://medtempus.com/wp-content/uploads/2013/06/Cerebro-virtual-400x300.jpg 400w, https://medtempus.com/wp-content/uploads/2013/06/Cerebro-virtual.jpg 600w" sizes="(max-width: 400px) 100vw, 400px" />Ideas principales:</p>
<ul>
<li>Nuestra memoria no es como una fotografía sino más similar a un lienzo en desarrollo.</li>
<li>No existe una única memoria, sino varias memorias diferentes según su duración y tipo de recuerdo.</li>
<li>Volver a recordar es como hacer una fotocopia sobre otra fotocopia anterior: se producen pequeñas variaciones.</li>
<li>Se pueden distorsionar los recuerdos e incluso insertar falsos recuerdos a una persona mediante diversas técnicas.</li>
</ul>
<h3><strong>Diseccionando la anatomía de la memoria</strong></h3>
<p>Tenemos dos riñones, un hígado, un corazón, dos piernas, un páncreas… pero no tenemos un cerebro, somos nuestro cerebro. Sin él, además, no sólo no seríamos como somos sino que ni siquiera estaríamos vivos. No es casualidad que sea la muerte cerebral o encefálica la que certifique definitivamente la defunción de su persona. Con el cese irreversible y permanente de la actividad de este preciado órgano se marca con fuego el fin de una vida.</p>
<p>A pesar de la vital importancia del encéfalo (que incluye al cerebro como el protagonista principal y a elementos como el cerebelo y el bulbo raquídeo, entre otros), se desconoce en buena parte cómo funciona esta majestuosa red de neuronas interconectadas. Por esa razón, circula de vez en cuando una broma entre investigadores que dicen que los últimos científicos que se quedarán sin trabajo cuando se conozcan todos los entresijos de su materia de estudio serán los neurocientíficos. Los enigmas a los que se enfrentan estos investigadores son apabullantes y las evidencias sugieren que sólo se ha visto la punta del iceberg de lo que queda por descubrir.</p>
<p>Entre las funciones más importantes del encéfalo destaca la memoria. El célebre  escritor Jorge Luis Borges hablaba así de ella: “Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”. A pesar de su vital importancia, la memoria sigue siendo, en su mayoría, un misterio. Pese a lo cotidiano que resulta para nosotros grabar y rememorar recuerdos, muchos de los procesos implicados se desconocen por el momento. Apenas sabemos, por ejemplo, qué ocurre entre las redes neuronales cuando una persona recuerda con emoción el día en que nació su hijo, conoció a su pareja o vio aterrorizado estrellarse los aviones en las Torres Gemelas aquel fatídico 11 de septiembre.</p>
<p><span id="more-7681"></span></p>
<p>La principal razón por la que es tan complicado conocer a fondo la memoria es su extrema complejidad. Cuanto más se sabe sobre ella, más difícil resulta desarrollar un modelo que “esquematice” su funcionamiento adecuadamente. Y no sólo eso, cuanto más se profundiza en el estudio de la memoria, más áreas encefálicas se descubren que participan directa o indirectamente en esta compleja función cerebral.</p>
<p>La primera gran revolución en el conocimiento de la memoria tuvo lugar en el año 1953 de forma totalmente inesperada y accidental. Henry Molaison era un joven estadounidense que padecía una grave e intratable epilepsia desde la infancia. Sufría ataques frecuentes que le acarrearon accidentes y una gran afectación de su calidad vida. Los neurocirujanos decidieron que la mejor opción era operarle quirúrgicamente y extirpar aquella área cerebral con una actividad eléctrica fuera de lo normal que desencadenaba los ataques.</p>
<p>El 1 de septiembre de 1953, Henry Molaison pudo superar su epilepsia gracias a la operación pero, al mismo tiempo, quedó incapacitado para grabar y recuperar nuevos recuerdos (amnesia anterógrada). A sus ojos, su vida se había convertido en un eterno presente, incapaz de retener los recuerdos de todo aquello que le pasara en su vida tras la cirugía. Sólo podía recordar, sin ni siquiera ser consciente de ello ni saber que lo hubiera aprendido, la realización de actividades que implicaran tareas coordinadas o automáticas (ir en bicicleta o conducir un coche son ejemplos de actividades en las que participa la memoria implícita, que es inconsciente).</p>
<p>La causa tras este atroz fenómeno fue la extirpación de gran parte del hipocampo y la amígdala junto con el área cerebral implicada en los ataques epilépticos. Antes de que aquella operación tuviera lugar, los científicos creían que la memoria era un proceso encefálico que se daba de forma global, sin que existieran áreas concretas implicadas en su funcionamiento. Con el estudio del caso de Henry Molaison, sin embargo, descubrieron cuán equivocados estaban.</p>
<p>En la actualidad, sabemos que existen múltiples áreas encefálicas, grupos de neuronas y sistemas que juegan un papel crucial en la memoria. Y así, cuando alguno de estos elementos se daña, puede provocar amnesias, impedir o dificultar ciertos tipos de recuerdos o bloquear alguna de las diferentes fases que se dan en la memoria. A continuación, describiremos aquellas áreas más importantes, sin dejar de tener en cuenta que también intervienen, en coordinación y simultáneamente, otras muchas áreas.</p>
<p>El área cerebral más importante que interviene en la memoria es el hipocampo (su nombre se debe a su peculiar forma, similar a un caballito de mar). Este elemento del cerebro es el “administrador” de la memoria y el que está implicado en el mantenimiento a largo plazo de los recuerdos y también en la memoria espacial (imprescindible para la orientación). No es en sí mismo el “almacén” de los recuerdos sino que interviene para que éstos se queden guardados en otras áreas cerebrales. En las personas afectadas por la enfermedad de Alzheimer, el hipocampo es una de las áreas cerebrales que antes se dañan y, por eso, estas personas tienen problemas de orientación (terminan sin saber, por ejemplo, cómo volver a casa) y de grabación de nuevos recuerdos.</p>
<p>Otra de las principales áreas implicadas en la memoria es la amígdala. La amígdala forma parte de lo que podríamos llamar el cerebro primitivo, el más instintivo y primario. Es el lugar donde se procesan las emociones. Cuando estamos ante un peligro inminente, la amígdala interviene en esa sensación de miedo que sentimos. Su finalidad es muy clara: permitir la supervivencia del individuo al reaccionar con rapidez frente a los peligros. En relación con este papel, también participa activamente en que determinados recuerdos se consoliden y se mantengan a largo plazo y en la memoria de habilidades y destrezas (memoria implícita, como sería tocar un instrumento musical). Por otra parte, el cerebelo y el cuerpo estriado también participan activamente en este tipo de memoria.</p>
<p>Por último, la corteza prefrontal, que es el lugar donde ocurren nuestros procesos cognitivos más complejos como la toma de decisiones, la focalización de la atención o la creación de planes, también interviene, en coordinación con otros elementos cerebrales, en la memoria a corto y largo plazo y en los recuerdos conscientes y voluntarios (memoria explícita), como recordar la boda del año pasado o la película de hace 10 días. A su vez, otras áreas de la corteza cerebral, como la corteza visual, la auditiva, la olfatoria, la motora y la somatosensorial, también trabajan junto a la corteza prefrontal en rememorar los recuerdos mencionados anteriormente, desde su perspectiva. Así, por ejemplo, cuando recordamos visualmente cómo era el vestido de la novia, la corteza visual participa en el proceso y cuando tratamos de recordar la canción que cantaba el coro durante la ceremonia, se activa la corteza auditiva.</p>
<h3><strong>Diseccionando el funcionamiento de la memoria</strong></h3>
<p>La memoria es un proceso que consta principalmente de tres etapas. La primera es la codificación de aquello que percibimos. Es decir, la transformación de un estímulo o un pensamiento a un cambio bioquímico y eléctrico a nivel neuronal. Este fenómeno permitirá guardar los recuerdos en la fase de almacenamiento, durante segundos, minutos o incluso toda la vida.</p>
<p>La permanencia del recuerdo dependerá de la magnitud de los cambios que se den entre las conexiones (sinapsis) de las neuronas de las áreas responsables de la memoria. Un cambio transitorio, como una potenciación o un debilitamiento temporal de ciertas sinapsis, llevará a recuerdos también temporales. Mientras tanto, cambios de gran magnitud como el establecimiento de nuevas conexiones sinápticas pueden llevar a recuerdos más duraderos.</p>
<p>En esencia, la memoria consiste en una constante transformación de las redes neuronales en las áreas participantes, en cambiar las conexiones aquí y allá consiguiendo o potenciando nuevos recuerdos mientras se olvidan o modifican otros. En la última fase, la de recuperación, es cuando se produce la extracción de esa información guardada entre las conexiones neuronales. Es lo que comúnmente llamamos “recordar”.</p>
<p>Al contrario de lo que mucha gente podría creer, no existe una única memoria, sino que existen varias memorias diferentes según su duración y tipo de recuerdo. A su vez, para estos diversos tipos de memoria, participan también diferentes componentes encefálicos. Esta es la razón por la que, por ejemplo, las personas en las etapas menos avanzadas de la enfermedad de Alzheimer no tienen problemas en acceder a sus recuerdos más antiguos o montar en bicicleta mientras que pueden no recordar ni lo que hicieron hace 5 horas. Si sólo existiera un único tipo de memoria, con las mismas áreas y sistemas encefálicos implicados, la afectación de ésta (por una enfermedad neurodegenerativa, un traumatismo, etc.), significaría una devastación total, con una gran incapacidad para rememorar tanto recuerdos antiguos como nuevos, e incluso también para hacer cosas tan mundanas como vestirse o atarse los cordones de los zapatos. Por suerte, esto no es así y disponemos de tres tipos de memorias en cuanto a duración y multitud de tipos y subtipos de memorias que cumplen propósitos muy concretos.</p>
<p>Nuestro tipo de memoria más fugaz es la memoria sensorial, que dura menos de 2 segundos y proviene de los distintos sentidos. Por ejemplo, cuando miramos durante unos instantes a un cuadro, la información visual que retenemos sólo durante esos irrisorios instantes es lo que llamamos memoria sensorial. Aquellos detalles que se hayan percibido como más importantes por la persona o que más le hayan llamado la atención pasarán a la memoria a corto plazo, el resto de recuerdos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Puede parecer complemente inútil, incluso un chiste, que una memoria dure tan poco, pero es muy útil para “alargar” durante breves instantes nuestra percepción y así poder realizar trabajos con ella. De esta forma, siguiendo el ejemplo anterior, cuando alguien pinta un cuadro de algo que está viendo, mientras da las pinceladas está haciendo uso de su memoria sensorial visual entre vistazo y vistazo.</p>
<p>La siguiente memoria en duración es la memoria a corto plazo. Se mantiene unos segundos o minutos, y su capacidad para retener recuerdos es mínima, alrededor de 7 ítems (aunque unas personas retienen más y otras menos). La prueba médica más utilizada para valorar este tipo de memoria es mencionar palabras sueltas a una persona, seguir la conversación, y, a los pocos minutos, preguntarle a la persona qué palabras se han dicho. Un ejemplo muy famoso es: “Bicicleta, cuchara, manzana”, que se utilizó para dar título al reconocido documental de Pascual Maragall sobre el Alzheimer.</p>
<p>La memoria a corto plazo resulta muy útil para realizar cualquier actividad o trabajo, en algunos sentidos es como la memoria RAM de los ordenadores. Nos permite disponer de información “fresca” ya procesada y analizada para realizar una determinada tarea: apuntar un número de teléfono que acabamos de oír, responder a una pregunta que nos acaban de hacer o cualquier otra actividad que suponga una interacción con información recibida hace apenas unos segundos o minutos. Sin embargo, toda aquella memoria a corto plazo que, por su importancia, por sus circunstancias o por la repetición de la información, provoca un cambio más permanente entre las conexiones cerebrales, pasará a formar parte de la memoria a largo plazo.</p>
<p>La memoria a largo plazo es la memoria por antonomasia y puede durar meses, años o incluso toda la vida. Es la primera en la que todo el mundo piensa cuando se refiere a recuerdos porque es la que, en cierta medida, define nuestra personalidad,  nuestras acciones e influye también a la hora de contemplar y comprender el mundo. La memoria a largo plazo es el enlace de nuestro pasado con nuestro presente y la lente con la que anticipamos el futuro. A diferencia de la memoria sensorial y la memoria a corto plazo, la memoria a largo plazo es vasta e infinita (teóricamente). Todos los recuerdos que tenemos, desde los conceptos más básicos como “silla” o “perro”, pasando por nuestras experiencias personales, hasta llegar a informaciones más complejas como pilotar un avión o hacer un trasplante de corazón forman parte de la memoria a largo plazo.</p>
<p>Dentro de la memoria a largo plazo se distinguen dos grandes grupos de memorias: la memoria explícita o declarativa y la memoria implícita o procedimental. La memoria explícita es aquella que se da de forma consciente y se refiere a hechos, acontecimientos, sucesos, conceptos… Como ejemplos de memoria consciente serían el recuerdo de un cumpleaños, saber que la capital de Rusia es Moscú, en qué consiste un electrocardiograma o qué ocurrió en la Revolución Francesa.</p>
<p>La memoria implícita se da de forma inconsciente y automática y, por esa razón, también es la más desconocida para la gente. Se asocia a hábitos, destrezas, aprendizaje asociativo, respuestas emocionales… Ejemplos de esta memoria serían montar en bici, atarse los cordones de los zapatos, tocar un instrumento musical, sobresaltarse por una serpiente o teclear en el ordenador.</p>
<h3><strong>Las trampas y sorpresas de la memoria</strong></h3>
<p>Hasta ahora hemos hablado principalmente sobre el funcionamiento estándar de la memoria. Sin embargo, los recuerdos están rodeados de trampas que nos hacen dudar de su fiabilidad y, al mismo tiempo, de sorpresas que nos causan asombro por su grado de detalle. A continuación, veremos estas extrañas peculiaridades, la cara y la cruz de nuestra enigmática memoria.</p>
<p>Hoy en día muchas personas siguen pensando que nuestros recuerdos quedan almacenados en nuestro cerebro como una fotografía o los datos de un ordenador: exactos, tal cual se registraron en su momento. Nada más lejos de la realidad. Nuestra memoria no es como una fotografía sino más similar a un lienzo en una eterna fase de boceto al que nunca se le deja de dar pinceladas. Y, así, por suerte y por desgracia, nuestros recuerdos tienden a distorsionarse con el tiempo. Albert Einstein probablemente lo sabía y dio un consejo muy sabio sobre este aspecto: “No guarde nunca en la cabeza aquello que le quepa en un bolsillo”.</p>
<p>Entre los mecanismos que participan en la modificación de nuestros recuerdos probablemente el más famoso fue el que se manifestó años después de los ataques a las Torres Gemelas el fatídico 11 de septiembre de 2001. La brutalidad de las secuencias de vídeo de los aviones impactando con los edificios y las sobrecogedoras imágenes de personas tirándose al vacío provocaron un impacto emocional innegable a muchos espectadores, lo que provocó que esos recuerdos quedaran registrados con fuerza en una enorme cantidad de personas. Aún hoy, mucha gente manifiesta recordar exactamente qué estaba haciendo precisamente en los instantes  en que tuvieron lugar estos actos de terrorismo (yo misma lo recuerdo con detalle).</p>
<p>Como comentamos anteriormente, la amígdala se encarga de procesar las emociones pero, al mismo tiempo, también participa en la consolidación de los recuerdos junto con el hipocampo. De esta forma, está demostrado que cuanto mayor impacto emocional tenga un recuerdo, más probable es que éste se asiente en la memoria a largo plazo. Este fenómeno ocurre tanto para emociones de alegría y sorpresa, como también para las de miedo y sufrimiento y es la razón por la que recordamos tan vívidamente y con tanta claridad los días más felices y más tristes de nuestra vida. Estos recuerdos se asocian precisamente a emociones que garantizan que se graben con fuerza en nuestra memoria, pudiendo durar toda la vida. Estas memorias extremadamente nítidas reciben el nombre de memorias destello o <em>flashbulb</em>.</p>
<p>Desde un punto de vista evolutivo, estas memorias son muy importantes para la supervivencia del individuo ya que, al exponerse por primera vez a un gran peligro que supone una elevada carga emocional, registrará con claridad las vivencias de ese suceso y, así, en el futuro, tratará de evitar que esa situación vuelva a ocurrir o, en el caso de que suceda, estará más preparado para actuar al contar con los vívidos recuerdos de la ocasión anterior.</p>
<p>Sin embargo, estas memorias son también un arma de doble filo. Las memorias destello pueden ser tan abrumadoramente cristalinas y vivas que pueden suponer una grave afectación para la persona, convirtiendo su vida en un calvario por recordar con tantos detalles una situación especialmente traumática (una guerra, una violación, la visión del asesinato de un ser querido…). Esto es lo que ocurre en el trastorno por estrés postraumático, probablemente uno de los mejores ejemplos de que recordar con excesivo detalle puede ser, en ocasiones, tan dañino como algunos tipos de amnesias.</p>
<p>¿Y qué tienen que ver estas memorias tan sólidas con la distorsión de los recuerdos? Pues, paradójicamente, mucho. En nuestra vida diaria, solemos recordar pasajes de nuestra vida con frecuencia, pero aquellos recuerdos que recuperamos en más ocasiones suelen ser los que son más importantes y emocionales para nosotros. Y parece que esta acción tiene su precio. Recientes investigaciones científicas han evidenciado que la recuperación de recuerdos puede provocar la reconstrucción de esas memorias, en lugar de simplemente visualizarlas, lo que lleva a errores de memoria, distorsiones e ilusiones. Dicho de otra forma, volver a recordar ciertas memorias no es como ver una película en la televisión, donde es imposible modificarla, es más como hacer una fotocopia sobre otra fotocopia anterior. Aunque prácticamente exactas, cada nueva fotocopia produce pequeñas variaciones con respecto a las anteriores.  A este fenómeno se le ha llamado “reconsolidación de la memoria” y es un aspecto especialmente controvertido para los neurocientíficos porque rompe con la idea establecida durante décadas de que recuperar recuerdos no puede producir modificaciones sobre ellos. Aun así, son cada vez más los estudios (tanto en humanos como en animales) que refuerzan la idea de la reconsolidación y sus mecanismos biológicos implicados.</p>
<p>La distorsión de la memoria en recuerdos con una importante carga emocional se manifestó de forma sorprendente en un estudio científico: 560 estudiantes universitarios afirmaron haber visto en directo el fatídico 11 de septiembre cómo el primer avión chocaba contra la torre norte del <em>World Trade Center</em>. Sin embargo, existía un pequeño detalle: eso era imposible. Las primeras imágenes de ese ataque inicial aparecieron al día siguiente y no el día 11. A pesar de ello, el 73% de las personas participantes de este estudio compartían esta ilusión, este falso recuerdo.</p>
<p>¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué aquellos recuerdos en los que más convencidos estamos de su fiabilidad pueden sufrir distorsiones? Los científicos plantean varias explicaciones sobre esta curiosa trampa de la memoria. Una de las razones podría ser la tendencia que tiene nuestra memoria de rellenar los huecos de los recuerdos. En lugar de simplemente pensar que hay detalles que no recordamos, se reconstruye inconscientemente la memoria rellenando esos huecos con recuerdos más actuales. En el caso de los jóvenes estudiantes y sus recuerdos sobre el 11 de septiembre, probablemente actualizaron sus recuerdos con hechos que sucedieron más tarde.</p>
<p>Otra explicación a este fenómeno es el carácter potencialmente manipulable de la memoria humana. Así, por ejemplo, se ha descubierto en ciertos estudios, que determinados individuos pueden llegar a internalizar las memorias expresadas con detalle por otras personas, llegando al punto de pensar que les son propias, al olvidar con el tiempo de dónde venían esos recuerdos. Además de esto, también se ha comprobado que se pueden distorsionar los recuerdos e incluso insertar falsos recuerdos a una persona mediante diversas técnicas. No es nada excepcional, los científicos cognitivos recurren a menudo a distintos métodos para inducir falsos recuerdos y consiguen distorsionar la memoria de sus participantes con bastante  éxito. Cualquiera de ustedes, con unas pautas determinadas, también podría conseguirlo y es que la memoria puede ser especialmente sugestionable en ocasiones.</p>
<p>Distorsionar la memoria de una persona puede ser tan simple y sutil como utilizar una palabra determinada en una pregunta. En un estudio de psicología cognitiva, los participantes contemplaban un vídeo de un accidente de coches y después se les preguntaba qué habían visto, pero de dos maneras ligeramente diferentes según el grupo. A un grupo se le preguntaba “Cómo de rápido iban los coches cuando se chocaron el uno con el otro” y al otro “Cómo de rápido iban los coches cuando se estrellaron el uno con el otro”. Una semana después, se les volvió a preguntar a los participantes varias cuestiones sobre el vídeo, una de esas preguntas era si había cristales rotos en la escena del accidente. ¿Saben qué ocurrió? Que en el grupo que había escuchado la palabra “estrellaron” existía el doble de probabilidades de afirmar que recordaban haber visto cristales rotos, comparado con aquellos que escucharon la pregunta “chocaron”. ¿Lo más gracioso del asunto? Que no hubo cristales rotos en ningún momento del vídeo.</p>
<p>Pero la distorsión de recuerdos puede ir mucho más allá. En el año 1999, investigadores de la Universidad de British Columbia consiguieron que el 26% de los participantes de un estudio recordasen memorias completas sobre un ataque de un feroz animal que ocurrió durante su niñez. ¿Lo sorprendente? Que esos recuerdos eran completamente falsos, ninguna de esas personas había pasado por ese incidente y fueron los científicos los que indujeron esos recuerdos.</p>
<p>Estudios como los anteriores abundan en la literatura científica y se han llegado a inducir falsos recuerdos de lo más variopinto: estar hospitalizado durante la noche, tener un extraño accidente en una boda familiar, estar al borde del ahogamiento y ser rescatado por un socorrista… Todos ellos recuerdos falsos que consiguieron abrirse un hueco en la memoria a largo plazo de determinadas personas.</p>
<p>Sin duda, no podemos permitirnos recelar constantemente de nuestra memoria a largo plazo, pero experiencias como las anteriores invitan a ser cautelosos la próxima vez que afirmemos con plena convicción los detalles de nuestras memorias más especiales. De hecho, según afirman algunos científicos, las memorias destello destacan más por la confianza con la que se recuerdan que por su consistencia.</p>
<p>Hasta ahora hemos hablado de los recuerdos más detallados y de las falsas memorias pero, ¿qué ocurre cuando pasa justo lo contrario y no logramos recordar algo que deberíamos saber?</p>
<p>Dado que la memoria consta de diferentes etapas (como explicábamos al principio), un olvido de cierto recuerdo puede ocurrir en algún momento de esas etapas. Normalmente, la primera causa de un “falso” olvido sobre un detalle o hecho en particular es, en realidad,  una percepción insuficiente. Decimos que es un “falso” olvido porque, en realidad, dicho recuerdo no llegó a registrarse en la memoria porque ni siquiera se percibió antes. Esto es muy típico cuando se realiza alguna acción o se comenta algo mientras la persona se encuentra absorta y concentrada pensando en otra cosa. Este curioso fenómeno ocurre, por ejemplo, en la conducción subconsciente que la mayoría de conductores ha experimentado alguna vez: una vez que se llega al destino o a una parada, la persona, contrariada, se encuentra con que no recuerda cómo ha llegado hasta allí.</p>
<p>Otra explicación para el olvido de cierta información es que, efectivamente, el recuerdo sí que llegó a registrarse en nuestra memoria, pero no se mantuvo en la memoria a largo plazo. Esta suele ser la causa más frecuente de los olvidos y se debe a multitud de factores. Por ejemplo, si cierto detalle no lo consideramos importante, no nos llamó la atención ni nos causó ningún sentimiento en su momento, es bastante probable que no perdure en la memoria. Por esa razón,  esa gran frase de “sólo se acuerda de lo que le interesa” tiene gran parte de verdad. Aquello que, obviamente, no le interesa a una persona es más probable que se le olvide.  Por otro lado, muchos recuerdos tienen “fecha de caducidad” y es normal ir olvidando cierta información con el paso del tiempo, especialmente si esos conocimientos no se repasan ni se vuelven a ver con el tiempo.</p>
<p>Otra posibilidad sobre la razón de un olvido consiste en que, efectivamente, el recuerdo lo tengamos bien registrado en nuestra memoria, pero seamos incapaces de evocarlo. Esto suele ser bastante frustrante, especialmente en situaciones de estrés como exámenes y concursos de cultura ya que se ha demostrado que las hormonas del estrés, como el cortisol, dificultan la recuperación de recuerdos (y también su registro). Y es también la razón por la que, pasado el estresante acontecimiento, la persona vuelva a evocar recuerdos que en aquel fatídico momento no lograba sacar a la luz.</p>
<p>La sensación de tener un recuerdo en la punta de la lengua también es un fenómeno asociado a una dificultad para evocar un recuerdo y ocurre con más frecuencia conforme se van cumpliendo años. Suele ocurrir porque se dispone de la información de ese recuerdo pero falla la evocación de las palabras exactas o faltan algunas claves para acceder al dato en cuestión. Este inoportuno y anecdótico obstáculo de nuestra memoria puede llegar a ser muy serio en un trastorno llamado “afasia anómica”: las personas que la padecen se encuentran constantemente con esa sensación de tener algo en la punta de la lengua y tienen que ir utilizando con frecuencia sinónimos o cambios en las frases para poder expresarse.</p>
<p>Por mal que nos pese, olvidar está tan ligado a nosotros como recordar y es algo completamente normal e incluso necesario. Es un hecho que se pone de manifiesto ante la presencia de un rarísimo trastorno neurológico llamado hipertimesia. Aquellas contadas personas en el mundo que lo “padecen” (una veintena confirmados) son capaces, por razones desconocidas, de recordar prácticamente todo lo que han experimentado a lo largo de su vida, día a día y minuto a minuto. Así, por ejemplo, si le preguntase a una de estas personas qué comió el 10 de febrero de 1999 podría responderle con suma facilidad a esa cuestión. Desgraciadamente, esta bendición es también su maldición: estos individuos suelen tener notables alteraciones en su vida diaria, al pasar gran parte del tiempo recordando sucesos pasados de forma involuntaria. Esto puede ser enormemente incapacitante si existen recuerdos en sus vidas que sean especialmente dolorosos o traumáticos.</p>
<p>Pero los hipertimésicos no son los únicos con una memoria prodigiosa. Algunas personas autistas poseen memorias selectivas excepcionales. Célebre fue el caso de Kim Peek (el cual fue la inspiración para la película <em>Rain Man</em>). A pesar de ser incapaz de realizar las tareas más básicas y rutinarias tenía una memoria a largo plazo espectacular. Así, por ejemplo, era capaz de recordar el 98% de los 12.000 libros que había leído. Además, su ritmo de lectura era increíble, a la velocidad de 2 páginas cada 8 segundos (y conseguía leer 2 páginas al mismo tiempo). Y si lo que buscan es a alguien con una memoria fotográfica impecable, Stephen Wiltshire es su hombre. Es capaz de memorizar panorámicas de ciudades como Roma o Japón a la perfección durante un breve paseo en helicóptero y, después, dibujarlos con precisión.</p>
<p>Son estas raras excepciones y las investigaciones recientes las que evidencian que el olvido es importante para que la memoria implícita, la memoria a corto plazo, la sensorial y las habilidades cognitivas (como el análisis y la comprensión de conceptos) puedan desarrollarse con normalidad en nuestra vida diaria. Así pues, para estar sanos y llevar una vida corriente, tan importante es recordar como olvidar en su justa medida. Al fin y al cabo, somos nuestra memoria (con sus trampas y sorpresas), pero también nuestro olvido.</p>
<p>Bibliografía científica:</p>
<p>Turkington, Carol; Harris, Joseph R. The Encyclopedia of the Brain and Brain Disorders. Infobase publishing, 2009.</p>
<p>Loftus, E. F., &amp; Palmer, J. C. Reconstruction of auto-mobile destruction: An example of the interaction between language and memory. <em>Journal of Verbal Learning and Verbal Behaviour</em>, 13, 585-589.</p>
<p>How personal experience modulates the neural circuitry of memories of September 11. T Sharot, EA Martorella, Delgado, EA Phelp (2007). <em>Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America</em> 104 (1) p. 389-94.</p>
<p>Retrieving accurate and distorted memories: neuroimaging evidence for effects of emotion. Elizabeth A Kensinger, Daniel L Schacter  (2005). <em>NeuroImage</em> 27 (1) p. 167-177.</p>
<p>Confidence, not consistency, characterizes flashbulb memories. Jennifer M Talarico, David C Rubin (2003). <em>Psychological Science</em> 14 (5) p. 455-461.</p>
<p>The nature of real, implanted, and fabricated memories for emotional childhood events: implications for the recovered memory debate. S Porter, J C Yuille, D R Lehman (1999). <em>Law and Human Behavior</em> 23 (5) p. 517-537.</p>
<p>PD: Publicamos ahora este artículo escrito hace 5 años para la <a href="https://medtempus.com/archives/revista-naukas-3/">revista Naukas Nº3</a> para que la disfruten.</p>
<p>La entrada <a href="https://medtempus.com/archives/reportaje-las-trampas-y-sorpresas-de-la-memoria/">Reportaje: Las trampas y sorpresas de la memoria</a> se publicó primero en <a href="https://medtempus.com">MedTempus</a>.</p>
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		<title>Reportaje: Virus jugando al escondite en nuestro interior</title>
		<link>https://medtempus.com/archives/reportaje-virus-jugando-al-escondite-en-nuestro-interior/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Shora]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 30 Jul 2018 15:43:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Infecciosas]]></category>
		<category><![CDATA[Inmunología]]></category>
		<category><![CDATA[Naukas]]></category>
		<category><![CDATA[virus]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cada año, millones de personas en el mundo son atacadas por múltiples y diversos tipos de virus. Los más afortunados se enfrentarán a rinovirus (los principales causantes de los resfriados) y a virus de la gripe, del herpes simple o de la varicela. Aquellos con menos suerte sufrirán los estragos de virus como el Ébola (uno de los más letales&#8230; </p>
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<p>Estos organismos en la frontera de la vida (pues no cumplen todos los requisitos para ser considerados seres vivos) son uno de los mayores quebraderos de cabeza para la especie humana. No es una exageración: los virus han matado a más personas que todas las guerras juntas en la historia de la humanidad. Por suerte, hoy contamos con el arma más potente para luchar contra muchos de ellos: las vacunas. Aun así, la lucha nunca termina pues la asombrosa capacidad para mutar y evolucionar de los virus nos obliga a estar siempre vigilantes a estos cambios.</p>
<p><span id="more-7276"></span></p>
<p>De hecho, incluso cuando pensábamos que teníamos bajo supervisión a todos los virus conocidos y peligrosos para el hombre, descubrimos, de repente, un nuevo virus desconocido en una epidemia del todo inesperada. Así pasó con el virus SARS, descubierto en 2003 y causante del síndrome respiratorio agudo severo. Quién sabe qué más virus, hasta ahora inofensivos y desconocidos, pasarán a ser el azote del ser humano en las próximas décadas o siglos.</p>
<p>Sin lugar a dudas, conocemos a todos estos virus porque muestran la cara, entran en acción y emplean las armas biológicas a su favor para parasitar al ser humano, provocando enfermedades en el proceso. No es de extrañar que los virus más estudiados por la ciencia sean los que resulten patógenos para el hombre, nuestra salud depende de ello. Sin embargo, muchos virus tienen un lado oculto, mucho menos conocido por todos ya que no se muestran, inicialmente, en llamativas enfermedades. A lo largo del artículo descubrirás de lo que son capaces algunos virus para jugar al escondite en nuestro interior.</p>
<ol>
<li><strong> Cuando los virus cambian de disfraz&#8230; para volver a atacar</strong></li>
</ol>
<p>Como si de verdaderos maestros del disfraz se tratasen, algunos virus tienen una habilidad especial para esquivar y burlarse de las defensas de nuestro cuerpo. Entre todos los virus expertos en este fatídico «arte» encontramos a dos pesos pesados: el virus de la gripe y el virus del SIDA. Cada uno de ellos va a seguir una estrategia ligeramente diferente a la hora de disfrazarse, pero la finalidad es la misma: no ser detectado durante el mayor tiempo posible.</p>
<p>Comencemos detallando este curioso mecanismo en el virus más conocido por todos, a nuestro pesar: el virus de la gripe. Año tras año, reaparece en forma de epidemias durante el otoño y el invierno y poco importa que nos hubiéramos vacunado o hubiéramos pasado la gripe varios años atrás. La razón por las que las vacunas contra la gripe no suelen ser útiles de un año para otro se debe a un constante cambio de disfraz de este esquivo virus. ¿Cómo se las ingenia para lograr algo así? Para comprenderlo hay que conocer un poco mejor a estos esquivos microorganismos.</p>
<p>Todos los virus poseen una cubierta a su alrededor llamada envoltura vírica. En la envoltura vírica de la gripe en particular existen una serie de proteínas, entre las que encontramos a la neuraminidasa y hemaglutinina que recuerdan a unos clavos insertados en dicha envoltura. Estas dos proteínas resultan vitales para la supervivencia del virus. De esta forma, la hemaglutinina es la que va a permitir la unión del virus a las células del cuerpo humano para infectarlas y la neuraminidasa la que provoca que, tras la producción de nuevos virus en la célula infectada, se liberen al exterior y así puedan infectar a más células a su alcance.</p>
<p>Estas dos proteínas del virus de la gripe no son sólo esenciales, al mismo tiempo, son también sus señas de identidad y su punto débil. Ambas, hemaglutinina y neuraminidasa, son las moléculas que reconocen nuestro sistema inmune para luchar contra este virus. La primera vez que nuestro sistema de defensa inmunitario se encuentra con el virus de la gripe tarda un tiempo en reconocerlo y actuar. Eso le da al virus de la gripe un tiempo esencial para proliferar y formar un batallón antes de que le descubran, provocando así la enfermedad. Sin embargo, nuestro sistema inmune posee lo que llamamos memoria inmunológica que se caracteriza por ser una reserva de células defensivas y anticuerpos capaces de reconocer y atacar con rapidez a microorganismos con los que ya haya estado antes en contacto.</p>
<p>Ante esta memoria inmunológica, el virus de la gripe se encontraría en un grave aprieto si se le ocurriera atacar una segunda vez a la misma persona con sus mismas moléculas de identidad, pues sería atacado rápidamente antes siquiera de tener tiempo para formar un ejército de virus y la persona no llegaría a mostrar el más mínimo síntoma. ¿Cómo se las apaña para lograr eso? Al mutar con una velocidad asombrosa, consigue ir modificando sus moléculas de hemaglutinina y neuraminidasa con el paso del tiempo. En pocas palabras: va cambiando constantemente de disfraz.</p>
<p>Así, cada vez que el virus de la gripe sufre una mutación importante en sus moléculas de identidad e infecta, de nuevo, a la misma persona, el sistema inmunitario reaccionaría como si fuera la primera vez que se encuentra con el virus, tardando un tiempo considerable en responder. Ocasión que aprovechará el virus de la gripe para proliferar e infectar las células hasta que el sistema inmunitario lo reconozca y reaccione. Por eso, da igual que pases la gripe un año, más tarde o más temprano te encontrarás con otro virus de la gripe que ha cambiado de disfraz y que te hará volver a padecer la enfermedad. Desquiciante, ¿verdad?</p>
<p>Para desgracia de millones de personas en todo el mundo, otro virus especialmente esquivo es el VIH. Una de las principales razones por las que la vacuna contra el VIH todavía no se ha conseguido en humanos, a pesar de la cantidad ingente de recursos, dinero, investigadores brillantes y esfuerzos destinados, es su elevadísima capacidad para evolucionar. A diferencia del virus de la gripe, que suele presentar mutaciones importantes de año en año, el virus del SIDA es una verdadera máquina de mutar. Si el virus de la gripe era un maestro del disfraz, el virus del VIH es un genio imbatible.</p>
<p>Tanto es así que los disfraces predominantes del VIH son diferentes para según qué zonas del mundo. Pero, por si esto fuera poco, dentro de una misma persona podemos encontrar virus del SIDA con distintos disfraces en cuestión de días tras una infección. ¿Adivinan cuántos disfraces distintos del VIH se han podido detectar en una sola persona? La cifra es horrorosamente espectacular: Millones de ellos. Todo esto no sólo dificulta muchísimo al sistema inmune reconocer al virus invasor, también complica inmensamente el desarrollo de vacunas y la efectividad de los tratamientos (al producirse resistencias a él). Al final, todo se resume en una única cuestión: ¿existe alguna prenda en común, para todos los disfraces del VIH, que nos permita combatir al virus a lo grande? Es una pregunta vital cuya respuesta aún desconocemos.</p>
<ol start="2">
<li><strong> Cuando los virus atacan&#8230; en silencio</strong></li>
</ol>
<p>Otra estrategia que suelen emplear los virus para infectar a una persona sin levantar sospechas es entrar en silencio «por la puerta de atrás». ¿Qué es lo que hacen para ser tan sigilosos? Virus como el de la hepatitis C y el VIH se caracterizan por tener un «periodo ventana» en las personas infectadas. Durante esta fase, en la que las personas no muestran señal alguna de enfermedad, los virus van proliferando tan contentos mientras que la producción de anticuerpos contra ellos es insignificante y no es detectable por pruebas de laboratorio convencionales hasta varios meses después.</p>
<p>El periodo ventana concreto del VIH abarca desde el principio de la infección hasta 3-6 meses después, cuando ya casi todas las personas muestran anticuerpos contra ellos (se dice entonces que existe seroconversión). El periodo ventana del virus de la hepatitis C es más corto y dura de unas 2 a 8 semanas tras la infección. La única forma posible de detectar precozmente la existencia de una infección sería hacer una prueba de laboratorio llamada «carga viral» en la que se estudia los niveles de virus presentes en sangre. Por lo demás, en la mayoría de casos, es técnicamente imposible que una persona se entere de que ha sido infectada, salvo para ciertas personas con VIH en las que se puede producir un estado febril al que no se le suele dar mayor importancia pensando que se trata de una simple gripe. En el caso de personas infectadas por hepatitis C sólo un 20 % mostrará la enfermedad típica en los primeros días debido a esta infección.</p>
<p>Por si el periodo ventana no fuera lo bastante efectivo como ataque a traición de estos virus, tienen también la particularidad de desarrollar enfermedades con una larga latencia clínica. Es decir, desde que el VIH y el virus de la hepatitis C infectan a la persona, pueden pasar meses o años hasta que ésta muestre algún síntoma. La víctima no tiene entonces, ni idea, de que ha sido infectada y sigue con su vida normal. Esto favorece muchísimo la propagación de la infección ya que no se toman medidas especiales pensando que se está completamente sano.</p>
<p>Para que se hagan una idea, en una infección por VIH pueden pasar entre 8 y 10 años hasta que la persona comience a mostrar algún síntoma (para algunos incluso pueden pasar 15 años). En el caso de la hepatitis C este periodo de latencia clínica es sencillamente brutal: lo normal es que transcurran de 10 a 40 años antes de que se manifieste la enfermedad. Imagínense hasta qué grado favorece esto la transmisión del virus entre personas.</p>
<p>Esta latencia clínica no sólo favorece el éxito del virus para extenderse por la población, también garantiza que no se tomen medidas contra él hasta que ya es demasiado tarde. Un virus que mostrase síntomas desde sus primeros días sería tratado en el acto, favoreciendo así la curación. Sin embargo, en los casos de SIDA y hepatitis C, los síntomas tardan años y años en aparecer, cuando ya la persona es consciente de que algo no marcha bien en su cuerpo y va mostrando las señales de enfermedad. En esos momentos es ya demasiado tarde para actuar contra la infección.</p>
<p>Durante esos años, el virus de la hepatitis C ha podido ir destrozando poco a poco el hígado acercándolo hacia una cirrosis y el VIH asesinando a las células defensivas (linfocitos T CD4). La elevada reserva funcional del hígado (que no muestra síntomas de mal funcionamiento hasta que está muy destrozado) y la lenta y progresiva eliminación de linfocitos T CD4 (cuyo déficit no favorece enfermedades hasta que quedan muy pocas de estas células) hacen que no se detecte ésta situación.</p>
<p>El periodo ventana y la latencia clínica son la combinación perfecta para que un virus pase desapercibido hasta muy tarde y pueda transmitirse a otras personas sin muchas complicaciones. Si hay algo más efectivo que un ataque sorpresa es, sin duda, un ataque en el que el enemigo ni siquiera sepa que está siendo atacado.</p>
<ol start="3">
<li><strong> Cuando los virus se esconden&#8230; hasta el siguiente ataque por sorpresa</strong></li>
</ol>
<p>Casi siempre, la mejor opción para un parásito (y, por tanto, un virus) es mantener con vida a su huésped. Poco sentido tendría para unos virus matar en el acto a una persona tras la infección, pues inevitablemente detrás irían ellos y se eliminaría cualquier futura posibilidad de extenderse a la población. Por eso, enfermedades infecciosas tan terribles y letales como el Ébola no tienen mucho éxito en su transmisión ya que la mayoría de los afectados mueren a los pocos días.</p>
<p>Debido a lo anterior, podemos encontrar a virus que, una vez infectan a una persona, se quedan allí para siempre, siguiendo al pie de la letra la expresión «juntos, hasta que la muerte nos separe». Y es que hay determinados virus que son más fieles que cualquier pareja o mascota y que nos acompañarán en la riqueza y en la pobreza y en la salud y en la enfermedad, todos los días de nuestra vida a cambio de un evidente interés. Si has pasado la varicela o sufres de herpes labial debes saber que tienes a unos infatigables compañeros microscópicos de por vida.</p>
<p>Mucha gente lo desconoce pero, en realidad, el herpes simple y la varicela pertenecen a una misma familia llamada herpes virus, con 8 tipos distintos entre sus miembros. Por tanto, no es de extrañar que los mecanismos por los que ambos virus consiguen permanecer para siempre dentro de una persona sean muy parecidos, aunque también presentan pintorescas diferencias.</p>
<p>Comenzaremos detallando al virus más frecuente y conocido por todos: el virus de la varicela-zóster. La absoluta mayoría de los que estén leyendo estás líneas en estos momentos (año 2012) tienen muchas razones para conocerlo un poco más. Pese a que la vacuna contra la varicela se desarrolló hace ya más de 25 años, no hace muchos años desde que se incluyó en el calendario vacunal de algunas comunidades autónomas. Así que, salvo que te hayas vacunado por calendario vacunal, expresamente o entres dentro del extraño caso en el que no hayas sido vacunado ni hayas pasado la enfermedad (si es así, debes saber que la varicela es mucho más dañina en adultos y sería conveniente vacunarse) tendrás el virus de la varicela en su interior.</p>
<p>¿Cómo consigue el virus de la varicela esconderse sin mostrar ninguna señal? Cuando este microorganismo infecta a una persona, mostrando a los pocos días los síntomas tan típicos de la enfermedad, algunos de los virus se esconden en los denominados santuarios virales. Estos lugares poseen barreras, ya sean físicas o funcionales, que protegen a los virus tanto de los tratamientos como de los ataques del sistema inmune. Así, aunque en sangre no se detecte el más mínimo rastro de virus, en sus santuarios los virus están tan a gustito, en estado latente y bajo protección. Además, acceder a esos santuarios para comprobar si se encuentran ahí los virus es poco recomendable pues se suelen necesitar acciones invasivas (biopsias o cirugías). Se trata, sin duda, del escondite perfecto para un virus.</p>
<p>El tipo de santuario en el que se alojarán dependerá del tipo de virus. Así, en el caso del virus de la varicela, sus santuarios preferidos son los ganglios nerviosos sensitivos (que es una agrupación de cuerpos de neuronas que participan en la transmisión de señales sensitivas) de la médula espinal y del trigémino (nervio sensitivo de la cara).</p>
<p>Tras pasar la característica varicela llena de picores, lo normal es que la persona se recupere de la enfermedad y no vuelva a saber nada de este virus. Sin embargo, el virus sigue ahí, acechante, esperando a la mejor oportunidad para volver a hacer de las suyas. Si esta persona, en algún momento de su vida, se encuentra con el sistema inmune tocado (ya sea por una enfermedad que provoca inmunodepresión como el SIDA o por la utilización de tratamientos inmunosupresores como en los trasplantados), el virus aprovechará la ocasión para proliferar y provocar de nuevo una enfermedad llamada herpes zóster. Se caracteriza por presentarse en una zona concreta del cuerpo un dolor muy intenso, con enrojecimiento y presencia de vesículas y ampollas en la piel, debido a que el virus aflora desde los nervios y llega hasta la zona de la piel inmediatamente por encima, pudiendo infectar con facilidad a las personas expuestas y no protegidas frente al virus. En esencia, el herpes zóster es un ingrato y doloroso recuerdo de que el virus siempre estuvo ahí, esperando a que se bajara la guardia para atacar a traición.</p>
<p>El virus herpes simple, como familiar cercano al virus de la varicela, también actúa de forma parecida aunque es más cansino y le gusta recordarle a su víctima con más frecuencia que él sigue presente por algún lugar recóndito del cuerpo humano. Este virus se caracteriza por consistir en 2 tipos, el virus herpes simple tipo 1 y el tipo 2. Por norma general y tradicionalmente, el tipo 1 suele afectar a la boca y el tipo 2 afectar a la zona genital. Sin embargo, se puede traspapelar este orden, y el tipo 2 puede terminar infectando a la boca y el tipo 1 a la zona genital dependiendo de determinadas prácticas sexuales que te estarás imaginando.</p>
<p>En el período típico de la enfermedad aparecen unas dolorosas llagas/úlceras en las zonas antes comentadas y, tras unas cuantas semanas, desaparecen las lesiones. No obstante, el virus herpes simple persiste en sus santuarios: en el ganglio del nervio trigémino o en los ganglios nerviosos sacros (en la zona genital). Una vez que el virus se localiza allí, son diversas las situaciones que pueden inducir su reactivación en un futuro y, por tanto, se vuelva a producir la enfermedad: el estrés, la regla, la exposición al sol, el ejercicio físico intenso, padecer otra infección, tener el sistema inmune debilitado&#8230;</p>
<p>La verdad es que no se conoce muy bien por qué el virus aparece ante estas ocasiones, pero lo cierto es que lo hace con mayor o menor frecuencia dependiendo de la persona. En algunas, más afortunadas, sufrirán pocas veces o ninguna la reactivación del herpes a lo largo de su vida, mientras que otras lo padecerán con más frecuencia. Así es el herpes simple, un infatigable y cansino compañero de la vida, que reaparecerá en el momento menos oportuno para su portador. Y es que a la familia de los herpes virus les encanta reposar en santuarios y atacarte por la espalda cuando menos te lo esperas.</p>
<ol start="4">
<li><strong> Cuando los virus se esconden&#8230; simulando que forman parte de ti</strong></li>
</ol>
<p>La estrategia del mimetismo es pintoresca en el mundo animal: Un camaleón que cambia de color según donde se encuentre, un insecto palo indistinguible de una rama&#8230;  Esta forma de camuflaje animal nos resulta bien conocida por los documentales de televisión,  pero lo que pocas personas saben es que este mimetismo también ocurre en el mundo microscópico. El fenómeno, llamado mimetismo molecular, se planteó hace unas décadas y aún hoy día muchas de sus facetas son un gran misterio incluso para los científicos.</p>
<p>De forma similar al mundo animal, donde el mimetismo es un recurso utilizado para evitar ser la presa de un depredador, en el mundo microscópico el mimetismo molecular se emplea para evitar ser la presa de las células del sistema inmune. Para conseguir este fin utilizan un recurso muy ingenioso: muestran, entre sus diversas moléculas, una proteína con una secuencia de aminoácidos predominante muy similar a alguna que podría encontrarse en otras células o tejidos propios del cuerpo humano. Como el sistema inmune se guía por secuencias específicas dentro de proteínas (llamadas epítopos) para distinguir si algo es propio del cuerpo humano o es algo extraño, cuando las células del sistema inmune pasen revista a un virus, con secuencias dentro de proteínas muy parecidas a las de una célula humana propia, éstas lo considerarán amigo y parte del cuerpo humano y no le atacarán. ¿Cómo consiguen algunos virus esta perfección en un camuflaje que, por puro azar, sería algo casi imposible de ver (es una probabilidad entre decenas o centenas de millones)? Sigue siendo una incógnita.</p>
<p>Sin duda, el mimetismo molecular puede ser un camuflaje muy perfecto y, al mismo tiempo, muy difícil de conseguir para un virus, pero puede desencadenar unas peligrosas consecuencias para la propia persona que, hoy día, aún estamos empezando a conocer. En ocasiones, puede ocurrir que este mimetismo molecular no sea perfecto del todo y que, aunque el epítopo de una proteína de un virus se parezca mucho a la de una célula humana propia, el sistema inmune responda contra el virus reconociéndolo como un enemigo.</p>
<p>El gran problema está en que si las células del sistema inmune atacan a un virus que se parece mucho a determinados tejidos del cuerpo humano, también existe el riesgo de que el sistema inmune se vuelva loco y no sea capaz de distinguir amigos de enemigos. De esta forma, terminará atacando a las propias células del ser humano como si fueran microorganismos extraños. Esto es lo que podría ocurrir en algunas enfermedades autoinmunes, en las que el propio sistema inmune ataca a las propias células, tejidos u órganos de la persona.</p>
<p>Ahora mismo, no sabemos muy bien cuál es el origen de las enfermedades autoinmunes, qué es lo que lleva al sistema inmune a no ser capaz de distinguir lo propio de lo extraño. Se han propuesto múltiples causas, algunas de ellas cada vez con más pruebas científicas a sus espaldas, y una es que sean los virus los que desencadenen, de vez en cuando, determinadas enfermedades autoinmunes. Un ejemplo de ello podría ser la esclerosis múltiple, una enfermedad en la que se destruye la mielina de las neuronas de la médula espinal. La mielina, al envolver a los nervios, actúa como el material aislante de un cable eléctrico, favoreciendo la transmisión de la electricidad. Por tanto, cuando esta envoltura de mielina se va perdiendo, se va produciendo una parálisis progresiva.</p>
<p>En la actualidad, sabemos que virus como la hepatitis B y el virus Epstein-Barr (conocido por causar la «enfermedad del beso») pueden poseer proteínas con secuencias similares a aquellas presentes en la mielina. ¿Podría ser que una infección por alguno de estos virus hiciera enloquecer al sistema inmune, el cuál terminaría atacando a la propia envoltura de los nervios? Podría ser, pero aún no estamos seguros. Una razón de peso para pensar que podrían estar implicados es que en muchos pacientes con esclerosis múltiple se encuentran los niveles de anticuerpos elevados en sangre contra determinados virus y también se han podido identificar estos microorganismos en determinadas localizaciones del cuerpo de las personas y animales afectados por la enfermedad.</p>
<p>Sea como sea, cada vez son más las pruebas que apuntan a algunos virus como culpables de desencadenar determinadas enfermedades autoinmunes. Aun así, no son bastantes como para dictar sentencia y sólo las futuras investigaciones nos permitirán descubrir qué consecuencias fatídicas para la salud se producen cuando los virus juegan al escondite camuflándose con nuestro propio cuerpo.</p>
<ol start="5">
<li><strong> Cuando los virus se esconden en lo más recóndito de nosotros&#8230; para siempre</strong></li>
</ol>
<p>Hasta ahora, hemos descrito a los virus como unos enemigos incansables capaces de hacer cualquier cosa con tal de parasitarnos pero, ¿cómo se te quedaría el cuerpo si te dijera que una parte importante de nosotros mismos procede de virus? Pues ve asumiéndolo porque es algo completamente cierto: entre el 8 y 10% de nuestro genoma procede de secuencias víricas (va a ser verdad eso de que el roce hace el cariño).</p>
<p>¿Cómo habrán llegado allí? Es, quizás, lo que te estarás preguntando ahora mismo. Se piensa que estas secuencias de ADN víricas se originaron a través de la integración de ciertos virus especiales en el genoma de nuestros antepasados con el paso de millones de años. Para que esta integración fuera posible, el virus tenía que ser un retrovirus. Es decir, tenía que ser un virus con su contenido genético en forma de ARN y que, al infectar, produjera ADN a partir de él y, a su vez, este ADN se integrase en el genoma de tal forma que se transmitiera genéticamente a la descendencia a lo largo de generaciones y generaciones. Para que este último requisito se cumpliera, el virus tenía que infectar a células precursoras de espermatozoides o de óvulos. Los virus capaces de hacer todo esto reciben el nombre de retrovirus endógenos humanos (HERV) y hay restos de miles de ellos en nuestro genoma.</p>
<p>Por lo general, las secuencias de nuestro genoma procedentes de los HERV son inactivas debido a las mutaciones que han ido sufriendo a lo largo de mucho, mucho tiempo. Sin embargo, se ha descubierto que bajo circunstancias muy especiales (como la exposición a luz ultravioleta o ante ciertos productos químicos) pueden activarse súbitamente y producir proteínas víricas que podrían estar implicadas en ciertas enfermedades autoinmunes y en el cáncer. Además, se sabe que ciertas secuencias procedentes de HERV intervienen en la regulación de genes o procesos propiamente humanos. Así, por ejemplo, en la formación de la placenta interviene una proteína llamada sincitina que se produce gracias a un HERV presente en nuestro genoma. Es decir, en algo tan vital como el embarazo tenemos a una proteína de origen viral actuando y, de hecho, su papel es imprescindible en este proceso. Paradojas del destino, los virus no sólo nos causan enfermedades o nos matan, también nos ayudan a nacer.</p>
<p>Las secuencias procedentes de los HERV son también como fósiles genéticos desperdigados por nuestro genoma. Nos cuentan un poco de nuestra historia biológica a lo largo de la evolución y es, por ello, que resultan útiles para seguir el rastro hacia millones de años atrás en nuestro pasado. Por sorprendente que parezca, hasta los virus tienen también un lado amable, incluso beneficioso.</p>
<p>Como hemos visto, los virus son microorganismos llenos de recursos. Pueden disfrazarse, infectar con sigilo, esconderse para un ataque sorpresa, mimetizarse con nuestro interior e, incluso, llegar a formar parte de nosotros mismos en lo más íntimo de nuestro genoma. A la vista está que es imposible librarnos de ellos, lo máximo a lo que podemos aspirar es a llevar la ventaja en una guerra interminable que ha influido en toda la historia de la humanidad. Evolución vírica e inteligencia humana, frente a frente en una cuestión de vida y muerte.</p>
<p>Para saber más:</p>
<p>-Medical Microbiology, editado por Samuel Baron. 4ª edición gratuita en NCBI Bookshelf.</p>
<p>-Endogenous retrovirus, ERVWE1 y molecular mimicry en Wikipedia</p>
<p>PD: Publicamos ahora este artículo escrito hace 6 años para la <a href="https://medtempus.com/archives/ya-disponible-la-revista-n%C2%BA2-de-amazings/">revista Amazings Nº 2</a> para que lo disfruten.</p>
<p>La entrada <a href="https://medtempus.com/archives/reportaje-virus-jugando-al-escondite-en-nuestro-interior/">Reportaje: Virus jugando al escondite en nuestro interior</a> se publicó primero en <a href="https://medtempus.com">MedTempus</a>.</p>
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		<title>Ya a la venta la revista Naukas #3</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Shora]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 13 Oct 2013 08:54:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Personal]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Continuamos con esta aventura literaria de la divulgación científica, gracias al éxito cosechado con los 2 números anteriores. Ya está abierta la campaña de crowdfunding para todo aquel que quiera conseguir la revista en Lánzanos: Revista Naukas #3. Una revista hecha con mucho mimo y pasión, a todo color y sin publicidad, con la que disfrutarán de entretenidas lecturas que&#8230; </p>
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<li><a href="https://medtempus.com/archives/ya-disponible-la-revista-n%c2%ba2-de-amazings/" rel="bookmark" title="Ya disponible la revista Nº2 de Amazings">Ya disponible la revista Nº2 de Amazings</a></li>
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										<content:encoded><![CDATA[<figure id="attachment_6464" aria-describedby="caption-attachment-6464" style="width: 401px" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://www.lanzanos.com/proyectos/revista-naukas-3/"><img decoding="async" class=" wp-image-6464 " src="https://medtempus.com/wp-content/uploads/2013/10/Nikola-Tesla-Naukas-1.jpg" alt="Tesla leyendo la revista Naukas" width="401" height="315" /></a><figcaption id="caption-attachment-6464" class="wp-caption-text">Tesla ya tiene su revista Naukas</figcaption></figure>
<p>Continuamos con esta aventura literaria de la divulgación científica, gracias al éxito cosechado con los 2 números anteriores. <strong>Ya está abierta la campaña de crowdfunding para todo aquel que quiera conseguir la revista en Lánzanos: <a href="http://www.lanzanos.com/proyectos/revista-naukas-3/">Revista Naukas #3</a></strong>. Una revista hecha con mucho mimo y pasión, a todo color y sin publicidad, con la que disfrutarán de entretenidas lecturas que abarcan ámbitos muy diferentes de la ciencia: medicina, biología, matemáticas, física&#8230; Además, con la compra de esta revista se incluyen los PDFs de las revistas Amazings N º1 y N º2. De momento, han pasado sólo 4 días y ya hay un 37 % recaudado. Por lo que hay muy buenas expectativas.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.lanzanos.com/proyectos/revista-naukas-3/"><img decoding="async" class="aligncenter wp-image-6463" src="https://medtempus.com/wp-content/uploads/2013/10/naukasrev.jpg" alt="Revista Naukas 3" width="377" height="212" /></a></p>
<p><span id="more-6462"></span></p>
<p>Los contenidos son los siguientes:</p>
<ul>
<li>Dame comida: una historia fascinante de la agricultura — José Miguel Mulet.</li>
<li>Cuando la Medicina se toca con la ciencia ficción — Julián Palacios.</li>
<li>Siete escenarios apocalípticos improbables, pero… ¿imposibles? — Sergio L. Palacios.</li>
<li>Matemáticas contra los desastres naturales — Natalia Ruiz Zelmanovitch.</li>
<li>Cómo el hombre aprendió a pintar la Tierra — Miguel García Álvarez.</li>
<li>Reprogramación celular: devolviendo la pluripotencia a las células adultas — Manuel Collado.</li>
<li>Las trampas y sorpresas de la memoria — Esther Samper.</li>
<li>Nanotecnología alimentaria: cuando lo pequeño es mucho más — José Manuel López Nicolás.</li>
<li>Aquoporinas: de los canales de agua a la cura frente a la Malaria — Lucas Sánchez.</li>
<li>Más rápido que la luz: cuando Einstein te multa por exceso de velocidad — Mario Herrero-Valea.</li>
</ul>
<p>Yo he tenido la suerte de colaborar también con este número, centrándome en las trampas y sorpresas de la memoria. Dejo un pequeño párrafo para mostrar un poco su enfoque:</p>
<blockquote><p>Hoy en día muchas personas siguen pensando que nuestros recuerdos quedan almacenados en nuestro cerebro como una fotografía o los datos de un ordenador: exactos, tal cual se registraron en su momento. Nada más lejos de la realidad. Nuestra memoria no es como una fotografía sino más similar a un lienzo en una eterna fase de boceto al que nunca se le deja de dar pinceladas. Y, así, por suerte y por desgracia, nuestros recuerdos tienden a distorsionarse con el tiempo. Albert Einstein probablemente lo sabía y dio un consejo muy sabio sobre este aspecto: “No guarde nunca en la cabeza aquello que le quepa en un bolsillo”.</p></blockquote>
<p>¿Cómo nos engaña nuestra memoria? ¿Es fácil manipular e insertar falsos recuerdos en los demás? ¿Por qué recordamos con tanto detalle los días más impactantes de nuestras vidas? Las respuestas a estas y otras muchas más cuestiones las podrán encontrar en la revista Naukas #3.</p>
<p>PD: Debido a mi salto a Alemania y al retorno al ámbito investigador, mi participación en la divulgación quedará ahora bastante limitada. Aún así, espero disponer, de cuando en cuando, de tiempo e inspiración para continuar publicando artículos.</p>
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