Decoración con Huesos Humanos

29 04 2006

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Escudo Huesos Humanos Tras años de acudir al aula de disección para aprender la anatomía humana, como es obligatorio en los primeros años de carrera, pensaba que ya no me sorprendería nada de lo que hicieran con los huesos humanos. Cuando llegas al aula y contemplas varios esqueletos que han sido puestos, a propósito, como si estuvieran bailando sevillanas (a algunos sólo les faltaban las castañuelas) o como algunos utilizaban las calaveras (con la falta de algunos dientes) para imitar a aquel famosillo de hace un tiempo que gritaba “Cuñaooo” pues al final lo sorprendente se convierte en cotidiano. Aún recuerdo la época en que la película de Resident Evil estaba en su apogeo, y el aula de disección era utilizada como punto turístico de curiosos (y morbosos quizás). Con el pretexto de que querían ver en qué se parecían los zombies a los muertos conservados en formol, ese año el aula recibió más visitas de lo normal.

El caso es que la decoración de esta catedral, tras mucho tiempo observando huesos como algo rutinario, ha hecho que me sorprenda de nuevo la ocurrencia humana y originalidad para con los huesos. Se trata de la catedral de Kutna Hora y gracias a Misslucifer me he enterado de esta ingeniosa forma de arte de estilo muy… gótico…

En este post encontraréis más detalles sobre dicha catedral:

La capilla de Kutna Hora

Si alguna vez viajo a la República Checa, ya sé uno de los destinos que visitaré.

Capilla Huesos Humanos

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El “truco” del Mago David Blaine

28 04 2006

David Blaine Visitando esta tarde Microsiervos, me encuentro con la siguiente noticia:

David Blaine: Siete días metido bajo el agua

A destacar el siguiente párrafo:

“Para hacerlo más difícil todavía, en el momento de salir intentará aguantar más de nueve minutos sin respirar y batir el récord del mundo. […] Al parecer el récord del mundo oficial de apnea estática (en piscina), que es lo aplicable aquí, es efectivamente de 8 minutos y 58 segundos. Pero bueno, eso no es tal vez lo más espectacular del reto, sino superar eso después de haber pasado siete días metido en una pecera, especialmente con potenciales problemas de hipotermia.”

Tras leer este párrafo, me apresuro a ver la fuente original, en la página de David Blaine donde explica cómo se realizará todo: Nota de Prensa de David

Cito y traduzco el párrafo con la clave del asunto:

“David se nutrirá por líquidos a través de un tubo y la temperatura del agua se mantendrá regulada en un esfuerzo para mantener su temperatura interna cercana a los 37ºC. Cuanto más tiempo permanezca Blaine bajo el agua, más calor perderá, su temperatura interna descenderá y más oxígeno utilizará, haciendo el reto aún más duro”.

Mi primera intención era comprobar que, efectivamente, el mago no iba a utilizar trajes de neopreno ni similares que pudieran mantener su temperatura corporal sin problemas y encontrarse aislado térmicamente del agua.

La segunda intención era ver cómo habían camuflado el engaño, el truco. Demasiado obvio, mucho más de lo que me esperaba. Pero sin unos conocimientos previos de la materia es difícil darse cuenta de qué es lo que falla.

El Quid de la cuestión se resume en una pregunta y su respuesta: ¿Cómo un mago, sin haber recibido extensos entrenamientos de apnea estática durante mucho tiempo ni ser especialista en la materia, podrá ser capaz de batir un récord del mundo realizado por un especialista?

La respuesta es contundente. Si va a hacer lo que dice implícitamente en el texto (en dónde reside a su vez el engaño), cualquier individuo sano con un poco de entrenamiento previo puede lograr batir el récord. Sólo hay que tener muy bien regulado un pequeño detalle. Antes de desvelarlo, pasemos a explicar en qué se basa y qué pasa en la apnea estática.

En la apnea estática la persona aguanta la respiración bajo el agua todo el tiempo sin moverse. El tiempo que dura la apnea se mide desde que las vías aéreas entran en contacto con el agua hasta que la persona vuelve a respirar a la superficie.

En la apnea lo que se produce es un incremento constante de los niveles de dióxido de carbono en sangre y una disminución de los de oxígeno como consecuencia del metabolismo de los tejidos.

En este proceso el factor fundamental que determina el tiempo es la concentración de oxígeno en sangre. Cuanto más lentamente se consuma el oxígeno más tiempo se podrá estar aguantando la respiración. Descensos de los niveles de la presión de oxígeno entre 20-40 mm. de Mercurio significa un desmayo o una muerte inminente según la situación. El corazón y el cerebro son los dos órganos principales que necesitan un aporte contínuo de oxígeno, si la cantidad de éste se encuentra bajo mínimos se resienten a los pocos minutos. El cerebro es el que más pronto se deteriora, en cuestión de poco más de cuatro minutos hay daños cerebrales irreversibles debido a esta falta de oxígeno.

Hay varios factores funcionales que pueden ejercitarse para hacer que este consumo de oxígeno sea más lento o incluso que la cantidad de oxígeno que se toma en la inspiración anterior a la apnea sea superior a lo normal:

  1. La capacidad vital. Es la cantidad máxima de aire que podemos contener en nuestros pulmones. Con entrenamientos, se puede lograr aumentar la capacidad vital y así inspirar una cantidad mayor de aire (y oxígeno) antes de la apnea. Si además podemos disminuir el volumen de espacio muerto (la cantidad de aire que no entra en contacto con la sangre y por tanto no se distribuye a los tejidos) podremos aprovechar aún más el aire que hemos inspirado.

  2. La hemoglobina. Si la hemoglobina en sangre la tenemos aumentada gracias a ejercicios con una disminución de oxígeno (como por ejemplo en altitud). Se favorece la captación de oxígeno de los pulmones para después liberarlos a los tejidos.

  3. Relajación máxima. Interesa gastar lo mínimo posible de oxígeno, cada movimiento muscular cuenta. Por eso se tiene que aprender a utilizar sólo los fundamentales, los respiratorios, pero de la forma más eficiente posible.

  4. Niveles de oxígeno en sangre justo antes de la apnea. Se pueden aumentar sin necesidad de inspirar oxígeno al 100%. Simplemente haciendo una hiperventilación. Así aumentamos los niveles de oxígeno y disminuimos los de dióxido de carbono justo antes de aguantar la respiración.

Hay también otros factores que se pueden regular como la alimentación, ejercicios respiratorios, etc…

Sin embargo, hay un factor externo que influye también en el consumo de oxígeno y que ya han dicho que controlarán para el evento, la temperatura. Pero no de la forma que ellos han explicado. Ahí se encuentra el “truco”.

La hipotermia (descenso de la temperatura del organismo por debajo de los 35 ºC) es un estado curioso. Según el tiempo y la intensidad de ésta puede aumentar o disminuir el consumo de oxígeno. Si se está durante poco tiempo y a una temperatura no muy baja (entre 32-35ªC) el cuerpo lucha contra el frío aumentando el metabolismo para generar calor, aparecen los famosos temblores que no son otra cosa que contracciones musculares que favorecen la generación de calor.

Sin embargo, y aquí está la clave del asunto, si el cuerpo se encuentra en un ambiente frío durante mucho tiempo (varios días) y la temperatura desciende alrededor de los 32 ºC, los mecanismos comentados anteriormente no tienen lugar. El incremento del metabolismo y los temblores son mecanismos de actuación rápidos y breves, no duran días. Si además la temperatura del agua está regulada para que la temperatura del mago se estanque alrededor de los 32ºC sólo se producirán reacciones de hipotermia leves. Pero nunca la muerte, congelaciones, coma, ni nada por el estilo. El truco está en regular la temperatura para que sea lo suficientemente baja para no desencadenar respuestas de lucha y lo suficientemente altas para no matar ni herir a la persona.

Es decir, que si se regula la temperatura y además justamente el mago se encuentra sumergido siete días puede producir una hipotermia estable que enlentece el metabolismo y produce una disminución del consumo de oxígeno brutal. Esta disminución del consumo del oxígeno se debe a que las reacciones metabólicas implicadas están formadas por enzimas (un tipo de proteínas) y éstas, con el frío trabajan más lentamente. Al trabajar más lentamente, consumen menos oxígeno (que es lo que necesitan para trabajar) y el mago aguanta más tiempo bajo el agua.

Como el consumo de oxígeno desciende un 7-8% por cada ºC que baja la temperatura del mago, echando cuentas al final el consumo de oxígeno disminuye un 40%. Un cambio brutal, desde luego. ¡Gracias a esa hipotermia controlada se logra que el tiempo de apnea prácticamente se duplique!

Como ven, no es cierta la siguiente afirmación:

“Cuanto más tiempo permanezca Blaine bajo el agua, más calor perderá, su temperatura interna descenderá y más oxígeno utilizará, haciendo el reto aún más duro”.

Los mecanismos que consumen oxígeno y que contrarrestan ese descenso de temperatura no duran días. Pasada la semana lo que se producirá será un descenso del consumo más que evidente. He ahí el truco y el engaño.

En fin, explicado está. Aunque siempre podría haber recurrido a una explicación con un aura de misterio y fantasía a su alrededor y decir que todo es gracias a la magia de la medicina. Eso da más espectáculo, ¿no?

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Guía Básica de Español-Médico, Médico-Español

26 04 2006

Charla Médico Si hay una cosa que me hace mucha gracia durante las prácticas en consulta es la cara que ponen algunos pacientes justo después de recibir la explicación del médico a cargo. Hay quienes comprenden todo, asienten, hacen preguntas… Se nota cuando alguien ha entendido lo que le acaban de explicar. Sin embargo, siempre hay un porcentaje de personas (que aumenta conforme lo hace la edad) que tras la explicación se quedan en estado de trance. Asienten tímidamente a lo que se explica pero se quedan con una cara que lo dice todo. Si se pudiera leer la mente en esos momentos, creo que el pensamiento predominante sería, sin lugar a dudas, un: “¿Qué puñetas me están contando?”

Algunos, tras la charla y con un estado de desorientación informativa palpable se me quedan mirando en busca de auxilio. El hecho de ser más joven hace pensar a la gente que emplearé palabras y ejemplos más de la calle y sencillos que aquellos que les acaban de nombrar. Y esto es cierto la mayoría de las veces. Al no haber entrado completamente en lo que es la profesión en sí, en el ambiente, hago uso de menos términos médicos y trato de hacer las explicaciones como se las contaría la vecina del cuarto.

Sin embargo, siempre hay otro porcentaje de personas que no se enteran de nada de lo que les acaban de contar, pero lo disimulan muy bien. Tienen miedo a quedar como ignorantes delante del médico o llegan a pensar que deberían conocer y comprender a la primera lo que el médico le dice. Y esto no tiene por qué ser así. Medicina es como un idioma especial. Tiene miles de términos que jamás aparecerán en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua y, sin embargo, no tiene nada que envidiarle. El Diccionario Médico que tengo yo posee más de 1300 páginas con alrededor de 34000 términos, aunque, en realidad, existen muchos más.

En cuanto a palabras propias, la medicina tiene un número mayor que algunos idiomas. Y este vocabulario médico va creciendo con el tiempo. Cada año de carrera tenemos que asimilar miles de palabras nuevas. Si nosotros tenemos que estudiar durante seis años para hacernos una idea razonable, ¿por qué iban los pacientes a comprender de primeras cuando se les habla en términos médicos? Y eso teniendo sólo en cuenta los términos en sí. Si nos metemos a explicar procesos de cómo funciona o cómo falla el cuerpo humano en una enfermedad, la tarea se vuelve más difícil.

Y no digo que la culpa la tengan los pacientes, al contrario. Cuando una persona intenta informar a otra, cada una tiene que poner de su parte. El médico tratando de usar los términos más sencillos, evitando todo lo posible la jerga médica. Y si hace uso de esta, explicando lo que significa cada término. Si aún con las explicaciones y un uso del lenguaje común el paciente no llega a entenderlo, siempre se pueden recurrir a metáforas. Que si bien no son exactas para lo que se quiere explicar ayudan mucho a que la persona se haga una idea general al momento. Y ya después se puede volver a intentar explicarlo de forma más exacta.

El problema por el cual esto no se hace a veces es por dejadez, falta de costumbre (que viene casi a ser lo mismo) y falta de tiempo. Hay médicos que son incapaces de explicar con términos sencillos y fuera de la jerga a una persona. Están tan familiarizados con el idioma médico que terminan viéndolo como lo más comprensible del mundo. O bien llevan tanto tiempo utilizando la jerga que ha llegado un momento en que les cuesta mucho explicar las cosas sin ella. El resultado es una retahíla de palabras médicas que el paciente no sabe por dónde coger. Sin embargo, el principal problema es la falta de tiempo. Muchas veces las consultas andan hasta los topes y los médicos tienen los minutos contados para cada paciente. Como resultado, muchas veces ni siquiera se le explica al enfermo qué le pasa, se receta y para fuera. Sólo cuando la persona insiste en preguntar, el médico accede a explicarlo, aunque de la forma más breve posible.

En cuanto al paciente se refiere. Debe mostrar un interés y una atención mínimas. Ya puede el sanitario desgañitarse en ejemplos de la calle que si al paciente no le interesa o no muestra atención, es como si le estuviera hablando a las paredes. Después de ello hay otro problema, y es el nivel cultural. El concepto de glóbulo rojo, por ejemplo, es conocido por gran cantidad de la población. Pero siempre hay una fracción de la población que no ha oído hablar casi nada de ellos. De ahí que explicar a alguien con un nivel cultural bajo qué es una anemia se convierta en una explicación más larga y díficil de lo normal. Se junta un desconocimiento de base junto con una dificultad de comprensión de los términos. Normalmente suele ser gente mayor, debido a los bajos niveles de escolarización de épocas pasadas. La mejor solución para estas personas es, sin lugar a dudas, las metáforas. En esos casos la imaginación es esencial.

Como colofón, una muestra de ejemplos de la jerga médica “traducida” al castellano y una pequeña anécdota que un médico me contó.

La causa de la enfermedad es idiopática—->No tengo ni puñetera idea de cuál es la causa.

¿Sufre usted de meteorismo?—-> ¿Tiene usted gases?

¿La aerofagia es frecuente es usted?—> ¿Suele tragar aire al comer?

Haga vibrar las cuerdas vocales que voy a hacerle una exploración del frémito táctil—>Diga 33 que voy a ver cómo se transmiten las vibraciones de la voz a los pulmones.

¿Sufre de onicocriptosis?–>¿Tiene uñeros?

¡Oh! ¡Acabo de sufrir una onicolisis! –> ¡Oh! ¡Se me ha roto una uña!

Espute aquí—>Escupa aquí

En una ocasión, mientras un neumólogo hacía preguntas a una paciente para rellenar la historia clínica, llegó a una sobre el tipo de expectoración (lo que expulsaba por la boca proveniente de los pulmones):

Neumólogo: ¿Usted esputaba algo?, ¿a qué se parecía?
Paciente: ¡¿Cómo?! Oiga, ¿puede repetir?
Neumólogo: Sí, que qué esputaba.
Paciente: ¡Oiga, doctor, no me falte al respeto que yo puta no soy!

Toda una escena.

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Quimeras Virtuales

23 04 2006

Quimera Virtual

En HumanDescent encontraremos una amplia galería de animales imaginarios que el autor ha ido realizando a lo largo de los años. Su gran destreza en el PhotoShop es evidente. Si no fuera por los extraños animales que aparecen en las imágenes los montajes parecerían completamente reales.

Esta página les gustará a aquellos que alguna vez se han preguntado como sería si mezcláramos dos animales completamente distintos, por imposible que fuera llevarlo a la práctica. Así encontramos cosas como:

El Zorro-Gorrión:

Quimera Virtual

La Ardilla-Oso:

Quimera Virtual

Y el Perro-Colibrí:

Quimera Virtual

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Enfermedades Terminales: Dilemas en la comunicación

20 04 2006

Estos últimos dias he aprovechado para ponerme al día con la serie de House M.D. Tiene sus fallos en cuanto a temas de medicina, pero tratándose de una serie y no de un documental, está bastante lograda. Me llamó la atención un episodio en particular en el cual Cameron tiene que informar a una madre que su hijo acaba de morir. Se queda sin palabras, sin saber cómo decirlo y otro médico termina informando de la muerte en lugar de ella. Y es que Cameron refleja en la serie la parte más empática y amable en la relación con los pacientes, justo lo contrario que House. Y esto, puede ser tan bueno, como malo.

Dejando a eso a un lado, me recordó las últimas encuestas realizadas a estudiantes de medicina. El principal asunto y el que más preocupa es que no nos encontramos preparados en la comunicación de malas noticias. Y es comprensible, a lo largo de toda la carrera estudiamos enfermedades en todos sus ámbitos: Moleculares, anatómicos, funcionales, epidemiológicos… En cuanto al conocimiento y tratamiento de enfermedades nos encontramos bien preparados, en lo que no estamos tanto es cuando la práctica médica encuentra sus límites y hay que informar para lo peor. La única asignatura que trata muy por encima el asunto es psiquiatría y va centrada en la psicología del enfermo terminal y no en cómo manejar esa situación. Me hizo gracia la frase que House dice en un episodio: “¿Cómo os enseñan cómo tenéis que decirle a alguien que se está muriendo? Tiene que ser como enseñar a los arquitectos cómo explicar que su edificio se está derrumbando.”

Y es así, explicar a alguien que se está muriendo y que el único tratamiento que puedes ofrecer es paliativo, además de lo que ya supone para el enfermo, significa un golpe en el ego del médico, que ve que aún a pesar de todo lo que se ha esforzado, no ha podido salvarle. No es casualidad que algunos médicos se distancien (conscientemente o inconscientemente) del enfermo una vez han conocido el carácter terminal. De una forma u otra, surgen sensaciones de fracaso, impotencia, culpabilidad…

El problema es que en la carrera directamente no nos enseñan cómo explicar a alguien que se está muriendo o cómo dar malas noticias. En ella te enseñan a tratar a enfermos pero no tratar con ellos, eso no llega hasta que empiezas la especialidad y comienzas de verdad a tener un papel activo con ellos.

Las prácticas en hospitales durante la carrera son más bien de espectador y las intervenciones que se hacen, ya sean exploratorias o diagnósticas, suelen ser de carácter superfluo en cuanto a la relación con el paciente. Al final, quién comunica prácticamente todo es el médico que tienes como tutor. Y ya ni hablamos de si se trata de un tema peliagudo como la comunicación de una enfermedad terminal. Aún recuerdo el historial de un paciente en el que aparecía en letras rojas gigantes el carácter terminal de la enfermedad. Lo primero que mencionó mi tutor antes de que el paciente entrara a consulta es que no mencionara para nada lo que acababa de leer. Es algo que sucede a menudo, se suele tener mucho cuidado en que los estudiantes sepan si alguien es terminal, para no meter la pata y no mencionar algo inoportuno frente al paciente.

Si ya de por sí comunicar malas noticias es difícil, informar de una enfermedad terminal tiene gran cantidad de dilemas que no ya sólo los residentes, sino los médicos con años de experiencia tienen que sopesar. Aún sigue habiendo mucha discusión sobre si se debe informar al paciente directamente o informar a la familia para que sea ésta la que decide si comunicarlo o no. El médico tiene la obligación de decirlo, la cuestión es a quién.

En casos de niños o personas con deficiencias mentales prácticamente siempre es la familia la que es informada. Lo mismo ocurre si el paciente ha tenido antecedentes psiquiátricos de depresión, suicidio, etc. Si hay indicios de que la información que se va a dar conlleva un gran riesgo de que el paciente se quite la vida se recurre a la familia. Hasta aquí la cosa es relativamente sencilla.

Las cosas comienzan a complicarse cuando desconoces si el paciente (sin los antecedentes anteriores) quiere ser informado o, al contrario, quiere vivir en la ignorancia y de forma más despreocupada el tiempo que le queda. Cada persona es un mundo y una misma experiencia, como es una enfermedad terminal, es vista de mil maneras distintas según cada una. Hay personas que prefieren vivir felices el tiempo que les queda e ignorarlo todo. Por el contrario, otras quieren conocer y aprovechar ese poco tiempo para terminar tareas pendientes, sincerarse con sus personas queridas, despedirse… Pero esto último tampoco es tan sencillo. Algunas personas que expresaron su voluntad de ser informadas terminan arrepintiéndose de tal decisión. La desesperación de una muerte cercana aumenta conforme pasa el tiempo y hay quién no puede soportarlo. De forma repentina, algunos se quitan la vida.

Debido a esas inesperadas reacciones frente a la información es por lo que se suele recurrir a los familiares para que sean ellos los que decidan. Ellos conocen, sin lugar a dudas, mucho más al paciente. Saben su situación en la vida y podrían saber si tiene una serie de cosas pendientes que le gustaría hacer antes de despedirse de este mundo. Pero aquí asalta una nueva complicación. Los familiares no quieren ver sufrir a un ser querido. Por ejemplo, en el caso de un cáncer: Alrededor del 40% de familiares encuestados no quieren que se informe si algún miembro de ésta lo sufre. Y cuando algún familiar ya había padecido cáncer, el porcentaje se elevaba al 73%. Cuando la cruda realidad se abre paso, no se quiere informar. ¿Pero son los sentimientos del enfermo los que se tienen en cuenta o se anteponen los de los familiares?

Al final, independientemente de la vía que se opte, es difícil saber con seguridad cual es la medida adecuada. La forma en que cada uno afronta la muerte es algo muy íntimo y personal. Y aún así, puede que ni la propia persona conociera su reacción hasta que no llegara el momento.

Lo que no hay que olvidar es:

“La muerte pertenece a la vida como al nacer. Así el caminar está tanto en levantar el pie como en volverlo a poner en el suelo.”

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