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Mar 03 2010

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Herbolarios: El coqueteo diario con la ilegalidad

Herbolario ambulante
En casi cualquier feria que se precie, entre los distintos puestos de joyas de fantasía, ropa artesanal y tómbolas vendiendo Wiii de Nintondo, encontramos a los tradicionales herbolarios ambulantes. Repletos de sacos con distintas hierbas y rotuladas para cientos de indicaciones: Reuma, dolor, estrés, estreñimiento, hipertensión, impotencia… Pocas son las dolencias que se quedan sin tratar por estas maravillosas hierbas que se llevan de aquí para allá, de feria en feria.

Pese a la permisividad social ante las prácticas de herbolarios ambulantes lo cierto es que estas prácticas están catalogadas como ilegales en la ley del Medicamento (25/1990), concretamente en el artículo 42 sobre las plantas medicinales donde se dice:

3. Podrán venderse libremente al público las plantas tradicionalmente consideradas como medicinales que se ofrezcan sin referencia a propiedades terapéuticas, diagnósticas o preventivas quedando prohibida su venta ambulante.

Por supuesto, la mayoría de las personas no tiene ni idea de esta legislación y se preguntarán el por qué de su existencia. Por eso, voy a tratar explicar en qué consiste la ley. Lo primero que hay que saber es que, a efectos legales, en España se distinguen dos cosas: Medicamentos y plantas medicinales.

Los medicamentos de uso humano se definen de la siguiente forma:

Toda sustancia que se presente como poseedora de propiedades para el tratamiento o prevención de enfermedades en seres humanos o que pueda usarse en seres humanos o administrarse a seres humanos con el fin de restaurar, corregir o modificar las funciones fisiológicas ejerciendo una acción farmacológica, inmunológica o metabólica, o de establecer un diagnóstico médico

Así pues, un medicamento debe ser un preparado que ha demostrado sus beneficios para la salud (aunque hay cantosas excepciones, como los “medicamentos” homeopáticos que no tienen que cumplir este criterio por su cara bonita) y, por tanto, se deben dispensar únicamente en farmacias o, para casos muy concretos, en centros de salud, clínicas y hospitales. Dentro de los medicamentos, encontramos los medicamentos basados en plantas:

Las plantas y sus mezclas, así como los preparados obtenidos de plantas en forma de extractos, liofilizados, destilados, tinturas, conocimientos o cualquier otra preparación galénica que se presente con utilidad terapéutica, diagnóstica o preventiva seguirán el régimen de las fórmulas magistrales, preparados oficinales o especialidades farmacéuticas, según proceda y con las especificidades que reglamentariamente se establezcan.

Ahora se estarán preguntando, ¿es que las plantas medicinales no han demostrado poseer propiedades beneficiosas, que se quedan en un rincón aparte? No, la cuestión está que las plantas medicinales se dividen en dos grupos, los que por su formulación y preparación pueden considerarse medicamentos (por haber demostrado beneficio para la salud) y los preparados tradicionales de plantas que no han demostrado beneficios terapéuticos en sus presentaciones tradicionales y no contienen, en un principio, la suficiente cantidad de principio activo como para producir algún efecto evidente, ni bueno ni malo (aunque pueden haber excepciones). Los medicamentos preparados de plantas medicinales se venden en farmacias, las plantas medicinales sin haber demostrado beneficio alguno en su preparación y formulación habitual y no presenten evidentes riesgos de toxicidad en herbolarios. De hecho, lo que define legalmente a una planta medicinal es estar considerada tradicionalmente como tal durante un periodo muy largo de tiempo pero no que su efecto terapéutico sea real o esté demostrado…

Es importante resaltar que los herbolarios venden plantas medicinales pero no pueden, en ningún momento, anunciar y atribuirles propiedades terapéuticas, diagnósticas o preventivas porque, en el caso de que las tuvieran, se venderían como medicamentos. ¿Y qué sentido tiene una estupidez así? Pues ninguno, porque la mayoría de herbolarios se toman la ley como el pito del sereno y no dudan en anunciar las múltiples propiedades curativas de sus productos. ¿Una práctica ilegal? Sin duda. ¿Denunciable? También. Pero la fuerza de la tradición de las plantas medicinales hace que estas prácticas se permitan. Es decir, se da libertad para vender plantas medicinales siempre que no hagas alegaciones a la salud y garantices un mínimo la seguridad para el consumo humano (por ello no puede venderse de forma ambulante, al carecer de las más mínimas garantías de higiene y seguridad) pero todo esto se incumple sistemáticamente.

Resulta evidente que en la ley existen intereses económicos. Pero es obvio que también es una forma de garantizar la seguridad del ciudadano, dejando los que tienen efectos terapéuticos y adversos en la farmacia (bajo el consejo del farmacéutico) y los que, en teoría no lo tienen o tienen pocas probabilidades de que lo tengan, en los herbolarios siempre que no hagan alegaciones. El problema es que se incumple todo: Venden lo que podríamos considerar medicamentos, hacen alegaciones a la salud, se hace venta ambulante. Todo ello con el peligro añadido de que el herbolario no tiene conocimientos de farmacología y los productos, muchos, no vienen correctamente etiquetados ni existe información fiable sobre lo que contienen.

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102 comentarios

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  1. Doctor Mapache

    Buenas,

    A todos los profitoterapuéuticos, yo lo que quiero ver son estudios estadísticamente sensibles, a doble ciego y contrastados por personal independiente del primer estudio sobre los beneficios y desventajas de cada planta que se vende en un herbolario.

    Y no, los a mi me funciona no me valen, que por una vez que hice caso a un herboterapéuta tuve que ir a urgencias por un ataque de asma del que casi me quedo. Y que lastima que no pudiera decir lo que pienso del tipo ese por eso del ataque al honor y tal.

    Por cierto, Rubén, no nombres a la química en vano, tu cuerpo se mantiene vivo gracas a las reaccione squímicas producidas en él, la cocina simplemente es la transformcación química de los alimentos para favorecer su digestión, otras reacciones químicas, y mejorar sus propiedades organoléticas. Incluso hacer el amor es algo en el que la química tiene algo que ver, feromonas, hormonas, reacciones nerviosas del sentido del tacto, reacciones químicas en el ojo que nos hace ver…

    ¡Ah! que querías decir artificial, pero eso es otra discusión, prefiero una aspirina que se la cantidad exacta de compuesto antes que darle una infusión de corteza de sauce que a saber cuanto pillo

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