¿Qué ha llevado a los médicos de E.E.U.U. a decir que la adicción a los videojuegos no existe?
Shora | 14 julio, 2007 | 8:16 PM
Antes de nada, no es mi propósito demonizar a los videojuegos como muchos han hecho, tanto en Estados Unidos como aquí por España. Soy, además, una fiel seguidora de cierto tipo de videojuegos entre los que se incluye aquel fatídico juego tan extremamente violento y peligroso que hacía que pasaras de ser un adolescente normal a asesinar a la familia con la katana. Yo no tenía katanas, pero creo que los bisturís se quedaron donde estaban cuando terminé de jugarlo. Y he jugado a juegos muchos más violentos y sangrientos y no por ello la violencia y la traumatología se me hacen más atractivas.
Pero es que una cosa es demonizarlos y culparlos como la causa de un problema mental, cuando son un desencadenante o un factor de influencia y otra es ir al extremo “casita de la pradera” en el que los videojuegos ya no pueden crear adicción, en Estados Unidos, porque en el resto de países sí se considera que pueden provocar adicción.
La noticia salió en la prensa hará unas semanas, pero por ajetreo y falta de tiempo no he tenido tiempo de comentarla hasta hoy:
Los expertos hablan: la llamada ‘adicción’ a los videojuegos no existe
No se piensen que la batallita típica entre expertos sobre si algo provoca o no adicción es nueva. Ya ocurrió con la cocaína, que no hacía muchas décadas, se consideraba que no podía provocar adicción y sin embargo ahora ya nadie pone en tela de juicio que puede provocarla y mucho.
Para empezar, ya hay un error en la propia noticia:
Éstos afirmaron que se necesitan más estudios antes de considerar como enfermedad mental el uso excesivo de los videojuegos, algo que afecta a cerca del 10% de los jugadores, según informa Reuters.
Y es que el diagnóstico de “adicción” no se basa en el uso excesivo de videojuegos. Es decir, ningún médico puede diagnosticar una adicción en función de la cantidad de horas al día que se tire la persona jugando, aunque sí es indicativo. Lo que define la adicción es una serie de repercusiones negativas en la vida de la persona. De forma que no tiene por qué cumplirse que aquella persona que echa más horas delante de la pantalla sea más adicta si aquella que está menos horas sufre una repercusión más negativa en su vida diaria.
Alguien pensará ahora: “¡Es que tú no eres experta!” , y tendrá razón. Pero sé lo suficiente de medicina y psiquiatría como para saber que los videojuegos pueden provocar adicción, de la misma forma que la puede provocar el sexo o el juego de azar. Existe una creencia, bastante extendida, sobre que sólo las drogas pueden crear adicción, y no es así. Las drogas, es cierto, por su naturaleza química y por los efectos a nivel cerebral, hacen proclive a la adicción a prácticamente cualquier persona. Ahora bien, no existe una única dependencia sino tres tipos: Física, psicológica y social.
Una de las diferencias entre las adicciones por drogas y otras como al sexo o a los videojuegos es que las segundas no crean una dependencia física, no hay una necesidad exagerada y compulsiva de la administración de una determinada sustancia. Pero sí que existe una dependencia psicológica y puede que social, para la repetición de un comportamiento o acción que puede llevar a la destrucción de la vida de la persona y su posterior sufrimiento.
¿Por qué conductas, en principio tan inocuas y sanas, como jugar a los videojuegos o echar alguna partida a las tragaperras pueden desembocar en una adicción?
Primero hay que aclarar que, otra de las diferencias con respecto a la adicción a las drogas, es que este tipo de adicciones son más dependientes de una predisposición personal previa. Alguien que consuma heroína, por ejemplo, durante un tiempo determinado terminará desarrollando adicción en prácticamente todos los casos. Sin embargo, sin un factor de predisposición en alguien que juega a los videojuegos durante gran cantidad de su tiempo no tiene por qué desarrollar una adicción en toda su vida.
La razón por la que estas conductas pueden llegar a desembocar en una adicción es porque éstas, de forma similar a las drogas aunque de forma mucho menos potente, también actúan a nivel de los circuitos de recompensa cerebral, que aportan placer y a las cuales el paciente puede llegar a aferrarse para continuar con su vida, centrándolas exclusivamente en ese comportamiento. Cuando éste llega a afectar de forma bastante negativa en su vida, provocando sufrimiento y problemas personales, en el trabajo y/o en la familia es cuando hablamos de adicción. Pero claro, tiene que haber una predisposición previa. Alguien a la que no le gusta ir de compras o que percibe la tecnología con rechazo jamás desarrollará una adicción a las compras y al móvil respectivamente. Sin embargo, alguien que se pone a atiborrarse de comida cada vez que está “depre” (factor predisponente) y termina entrando en una depresión (factor desencadenante) donde ya se hace habitual el consumo de comida buscando ese mecanismo de recompensa como si su vida girara en torno a ella, pues estará en una adicción en toda regla.
Seguramente entonces alguien esté pensando que casi cualquier actividad placentera puede desencadenar potencialmente una adicción (psicológica) y es así. Lo que sucede que la frecuencia con la que ocurre es muy baja y debe haber unos factores previos existentes. Aquí unos ejemplos de actividades placenteras que pueden provocar adicción: Juegos de azar, sexo, utilización del móvil, adicción a las compras (ahora con las rebajas estarán sufriendo de lo lindo), adicción afectiva, adicción a la comida…
Si todo ello puede provocar adicción, ¿por qué los “expertos” estadounidenses dicen que para los videojuegos no? ¿Tienen acaso los juegos un halo de divinidad detrás?
Y una última pregunta, ¿Son cosas mías o últimamente están saliendo bastantes estudios científicos a favor de los videojuegos cuando antes era justo al contrario?


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