Cada vez más países usan test rápidos de antígenos para detectar casos de COVID aunque su utilidad sigue en entredicho

Colaboración con eldiario.es.

Prueba antígenos cribado

¿Son útiles los test rápidos masivos en la población general para controlar los contagios de la COVID-19? Esta cuestión ha sido y sigue siendo un tema de debate recurrente durante este año de pandemia de coronavirus. Poco tiempo después del comienzo de esta gran crisis sanitaria, multitud de gobiernos de todo el mundo, incluyendo España, se lanzaron a comprar con urgencia test rápidos de antígenos y se encontraron con que la absoluta mayoría de ellos eran un fiasco –algunos ofrecían sensibilidades inferiores al 30%–. Instituciones sanitarias como la Organización Mundial de la Salud (OMS) se pronunciaron en varias ocasiones alertando que casi todos los test rápidos ofrecían una sensibilidad y especificidad baja y, por ello, los desaconsejaban con fines diagnósticos y solo los recomendaban para estudios epidemiológicos o ensayos clínicos.

Los test de antígenos –que detectan proteínas del coronavirus en saliva o en secreción nasal y, por tanto, infección– han vuelto a la actualidad informativa a raíz de las recientes medidas tomadas por diversos países. Por un lado, Reino Unido ya ofrece, de forma gratuita, dos pruebas rápidas de antígenos semanales a todos sus ciudadanos. Esta decisión se suma a la obligatoriedad de test rápidos para profesores y alumnos de escuelas, tras su apertura el pasado 8 de marzo. Desde el 12 de abril, Francia autorizó la venta de autotest rápidos de coronavirus en las farmacias. En España, desde el 1 de febrero la Comunidad de Madrid ha autorizado los test rápidos de antígenos en farmacias y clínicas dentales para realizar cribados en zonas con alta incidencia de casos.

Poco a poco se están sumando más países a estos test como una medida adicional para controlar la pandemia, con estrategias muy diferentes. Sin embargo, la realidad tras los test de antígenos es compleja y son múltiples los factores involucrados que determinan que su aplicación pueda resultar o no efectiva a nivel epidemiológico.

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