Radiografía: ¿Qué es esto?

26 11 2007

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Radiografía

Vamos, vamos, diagnóstico diferencial.

P.D.: La solución y anécdotas varias, mañana.

Actualización:

Pues se trata, nada más y nada menos, que de un consolador, eso sí, de grandes dimensiones. Como muchos ya habían mencionado, la parte superior es un motor, de estos que cualquiera ha visto en alguna clase de tecnología y la parte más inferior y ancha es donde se alojan las pilas. La inserción fue por vía rectal hasta llegar al sigmoides. A partir de ese momento, ya le fue a la persona imposible su extracción y tuvo que acudir a urgencias con todo el espectáculo que ello conlleva.

La radiografía está sacada de una interesante galería de radiografías llamativas y extrañas.

El autor comenta un poco más el caso:

Un consolador bastante grande que llegó más allá del punto en que podía habérselo extraído él mismo, atravesando recto y llegando a sigmoides.

Estos casos son más frecuentes de lo que se imaginan. Muchos de estos pacientes afirmarán que “se cayeron sobre ellos” o usaron algún método accidental de penetración rectal como explicación de por qué están ahí en Urgencias. Algunos incluso van más lejos y llegan a decir cosas como “Fui atacado por un grupo de hombres que me hicieron esto”. Casi todos estos tipos de casos son pacientes que trataban de conseguir o aumentar el placer sexual a través de estimulación anal o rectal.

Aunque lo que de verdad aprecio, son los pacientes que en esta situación son brutalmente honestos contigo: “Me puse esta cosa en el culo y se fue demasiado profundo” No es que no respete a la gente que ponga excusas. No puedo ni imaginarme la terrible vergüenza de tener que ir a Urgencias con el consolador “aún vibrando” mientras te lo quitan. Definitivamente, algo muy personal, no importa quién seas, y muchos estarían demasiado avergonzados para decir la verdad a unos extraños. Es sólo que cada vez que viene alguien diciendo “Me gustan estas cosas en mi trasero, se me ha atascado y no puede salir, ¿podrías ayudarme?” Respeto esa forma de honestidad.

Si a alguien le llama la atención cómo pudo llegar tan lejos, el colón tiene bastante capacidad de distensión y es de bastante diámetro. Y el recto, con “esfuerzo” también puede dilatarse bastante. Aquellos que han visto el archiconocido “Goatse” se harán una idea.

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Randi, su millón de dólares y la homeopatía

10 11 2007

Cuando tengo el placer (es un decir) de encontrarme con alguien que dice que cura con el agua (aunque ellos prefieren llamarse homeópatas) y empieza a sostener que su pseudomedicina está demostrada y hay estudios que lo avalan, casi siempre la discusión termina en el mismo punto. Yo intento explicar por qué esto no es así y tratar un poco más de cerca el sin sentido de las teorías que “sostienen” la homeopatía. Pero esto es como hablar a un sordo, dirá que hay estudios que demuestran su efectividad pero que no llegan a ser publicados por culpa de las farmacéuticas y que la ciencia no está lo suficientemente crecidita para demostrar su funcionamiento. A lo cual llegamos a un lógico, ¿pero lo mínimo será demostrar qué cura, no? A los que ellos responden que sí, como un acto de fe. Igual que si preguntara a un creyente si existe Dios.

Pero después, dogmas de fe aparte, encontramos personas que tratan de poner un poco de sentido común en esta locura de las medicinas alternativas proponiendo retos a éstas mismas: Randi.

Randi sigue a rajatabla aquello de “a afirmaciones extraordinarias, pruebas extraordinarias” y, por supuesto, es escéptico y persigue a todo aquello con tintes paranormales. Así que en 1996 construyó la Fundación Educativa James Randi donde se intenta acercar la ciencia a lo sobrenatural. Su intención no era sólo explicar razonadamente por qué todo esto no existe, sino darle una oportunidad a sus defensores para que estuvieran en igualdad de condiciones y demostraran aquello en lo que creen. ¿Cómo? Se preguntaran ustedes. Otorgando un premio a cualquiera que demostrase poderes paranormales en condiciones controladas. El premio sigue estando ahí y aún nadie ha sido capaz de conseguirlo.

En el 2002 fue más allá y propuso un reto directo a la homeopatía. El reto consistía en ver si eran capaces de demostrar, de forma controlada y a doble o triple ciego que la homeopatía funcionaba y el premio sería un millón de dólares. Cualquier homeópata del mundo que quisiera demostrar el funcionamiento de la homeopatía no sólo tenía la posibilidad de acallar a voces críticas como la mía, sino que adquiriría un millón de dólares y fama mundial.

A día de hoy, nadie ha podido demostrar que la homeopatía funciona. El millón de dólares sigue libre y a la espera de un dueño.

Así que, cuando veo que la conversación con el homeópata de turno ya no da más de sí, suelto un rotundo: Randi aún espera con su millón de dólares a que se demuestre que la homeopatía funciona. ¿Por qué no lo intentas? Si tan convencido estás, tienes la oportunidad de demostrarlo ante el mundo entero. Y como tú, miles de personas más que creen en esto. Digo yo que si funcionara no os costaría mucho hacer un experimento para dejarlo claro.

Aquí pueden ver unos vídeos donde se explica un elaborado experimento que hicieron para comprobar si realmente funcionaba, a través de la memoria del agua. Comienza a partir de la segunda mitad del primer vídeo. En la primera parte se explica algunos de los pequeños experimentos donde se veía que podía funcionar. Sin embargo, cuando comienzas a ver más estudios sobre la homeopatía y de mayor tamaño, los resultados son prácticamente idénticos al placebo. El “funcionamiento” de la homeopatía no está en ella misma, sino en la sugestión de aquellos que lo toman. Un simple placebo, demasiado caro.

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Tratamientos Ingeniosos I

6 11 2007

Enrevesados protocolos médicos, intervenciones quirúrgicas precisas, polimedicación… Estamos tan acostumbrados a que los tratamientos médicos sean complejos que cuando se da el caso de que es posible solucionar un problema de salud con algo simple, seguro y con los elementos más sencillos, casi podemos llegar a sentirnos como MacGyver. Vale, lo suyo tiene más mérito, escapar de un lugar con poco más que un chicle y un clip no es apto para novatos. Pero no deja de llamar la atención la cantidad de elementos cotidianos que pueden sernos útiles en temas de salud con unos mínimos conocimientos. Y si no se lo creen, ahora mismo lo comprobarán:

La hiperventilación y la bolsaBolsa Hiperventilación

¿Quién no ha visto alguna vez un ataque de ansiedad en su vida? La persona empieza a respirar muy rápidamente, se siente cada vez peor, suda, tiembla, comienza perder el equilibrio… Y todo eso le lleva a respirar aún más rápido lo que le lleva a empeorar aún más su situación y es la pescadilla que se muerde la cola. Pero gracias a una simple bolsa (da igual que sea de plástico o de cartón) podemos cortar de raíz el problema y hacer que la persona se sienta mucho mejor en poco tiempo. Cuando ella hiperventila está eliminando más CO2 del que debería, lo que lleva a que el pH de la sangre sea más alto del normal (alcalosis) y es lo que provoca esa sintomatología. Si nosotros, previo aviso para que no se piense que la vamos a asfixiar, le colocamos una bolsa (aconsejablemente pequeña) sobre la boca y la nariz para que respire a través de ella, solucionaremos su problema rápidamente.

¿La razón? Como me imagino que todos ustedes saben, consumimos O2 y expulsamos CO2. Si aplicamos a una persona una bolsa donde el espacio es muy limitado para respirar, el C02 se irá acumulando progresivamente en la bolsa. Como a ella lo que le sucede es que tiene menos C02 de la cuenta, si va respirando de la bolsa cada vez respirará más de este gas. Por lo que el nivel en sangre de CO2 se irán equilibrando poco a poco y los síntomas irán desapareciendo.

La intoxicación por anticongelante y el alcohol

AlcoholNo es raro que de vez en cuando se hablen de casos de intoxicación por anticongelante. A veces de forma accidental y otras veces como forma de suicidio. Buena parte de los anticongelantes del radiador del coche tienen un compuesto llamado metanol que es un tipo de alcohol tóxico (aunque también encontramos de otros tipos como el etilenglicol) . Sí, es justamente ese mismo compuesto que podemos encontrar en las bebidas de algunos pubs y bares fraudulentos con el famoso nombre de “garrafón”. Los chavales destilan por su cuenta y lo que no saben (o no quieren saber) es que si no se siguen unas determinadas normas de seguridad, con el alcohol (alcohol etílico) también aparece metanol (alcohol metílico) y eso después va a parar a la clientela. Pillarse un ciego con eso puede dejarte, literalmente, ciego (provoca ceguera) a altas concentraciones e incluso la muerte.

Así pues, ante una intoxicación por metanol, hay que actuar rápidamente, el tiempo cuenta para la supervivencia. ¿Qué es lo que utilizamos? Le administramos (más bien le damos a beber, pero así queda con más nivel) alcohol de toda la vida, el alcohol etílico. El único tratamiento médico en el que se recomienda emborrachar al paciente es precisamente para casos por estas intoxicaciones. Bueno, antes se hacía como una ruda forma de anestesia, pero de eso hace ya su tiempo.

Da la casualidad de que ambos, alcohol y metanol, se degradan por la misma enzima (Esa misma hormona, digo enzima, que te puede hacer famoso en un control de alcoholemia). Por lo que si yo emborracho a mi paciente, la enzima estará ocupada con el alcohol y no podrá degradar el metanol ni tampoco producir sus efectos adversos. Ya que lo que provoca estos efectos son las sustancias que se producen después de metabolizarse: Formaldehído y ácido fórmico.

Como a mayor graduación de alcohol, menos tiene que beber el paciente para desintoxicarse, se recomiendan bebidas tales como vodkas, whiskys, etc, etc.

Los ronquidos y la pelota de tenis

Pelota Tenis Dormir en pareja tienes sus pros y sus contras. Y uno de los contras, sobre todo pasados los 40 o 50 años, son los ronquidos. La mayoría de veces no es un problema médico para la propia persona que ronca sino un problema para su compañero/a que ve sus horas de sueño reducidas drásticamente y termina teniendo los problemas de un insomnio. Por si acaso, hay un porcentaje de los roncadores que tienen pausas bruscas entre ronquido y ronquido, es decir, no se oye nada. Si lo detectan, acudan al médico.

Los ronquidos se producen por la vibración de los tejidos blandos de la garganta. Por supuesto, hay casos fáciles de tratar y otros difíciles. Sin embargo, antes de recurrir a lo más enrevesado y costoso, podemos aplicar una medida sencilla que a un porcentaje apreciable de los pacientes les funciona: La técnica de la pelota de tenis.

Consiste en coser en la parte de atrás del pijama de la persona una pelota de tenis. Así, le obligamos a dormir boca a bajo, lo que en algunos de los casos hace que los ronquidos desaparezcan puesto que se ven influenciados por la postura. ¿Por qué una pelota de tenis y no una de fútbol, por poner un suponer? Se trata de poner algo a la espalda que resulte incómodo al domir boca arriba pero no tanto como para destrozarle la espalda y que también resulte cómodo para dormir boca abajo. La pelota de tenis es, relativamente, blandita y pequeña para molestar lo justo para no dormir hacia arriba. Se pensarán que es una tontería, pero es un tratamiento recomendado por los otorrinos y las sociedades de otorrinolaringología. Incluso hay estudios controlados sobre la efectividad de dicho tratamiento. Por supuesto, no es el más efectivo, pero sí el más sencillo y barato. Y si resulta que al paciente le funciona, todos contentos.

Continuará…

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El lado médico de los monstruos de terror: Vampiros y hombres lobo

2 11 2007

Los mitos y la cultura popular son un buen caldo de cultivo para las fantasías de terror, que van evolucionando según las sociedades. Los hechos se van desvirtuando en leyendas y lo que en principio era algo normal con una explicación lógica y racional va convirtiéndose en extraordinario y tenebroso gracias a la ignorancia, el miedo por lo desconocido y el boca a boca. Casi todo monstruo tiene un remoto origen real, escondido más allá de las pinceladas de imaginación. Mi intención con este artículo es divagar, haciendo al tiempo uso de la lógica, sobre algunos de los posibles orígenes que llegaron a crear lo que en la actualidad conocemos como vampiros y hombres lobo.

Vampiros

Vampiro

Posiblemente, los monstruos más carismáticos de todos. Su sabiduría acumulada a lo largo de siglos gracias a su inmortalidad, su sed de sangre y sus rasgos estilizados no han sido desperdiciados por la industria del cine. Junto a los zombies o muertos vivientes, los vampiros son los monstruos de terror que más aparecen en la pequeña y gran pantalla. Pero, ¿qué hay de realidad en ellos? ¿De dónde surgió que no pudieran ver la luz del sol, ni tomar ajo o que necesiten la sangre para sobrevivir?

Aversión a la luz del sol

Como todos ustedes saben, los vampiros huyen de la luz del sol ya que les provocan quemaduras si la exposición es corta o la muerte si la exposición es prolongada. Por lo que su actividad se centra en la noche mientras que por el día duermen en sus cómodos ataúdes. Existen numerosas enfermedades en las cuales existe una aversión a la luz del sol, lo que termina provocando la reclusión del individuo. Entre aquellas más frecuentes, encontramos los casos más graves de fotosensibilidad en el lupus eritematoso sistémico y algunos tipos de porfirias. Ambas podrían estar asociadas tanto a hombres lobo como a vampiros. Pero por las cualidades de cada una, el lupus estaría más unido a los hombres lobo y las porfirias a los vampiros.

En ambas se produce una fotosensibilidad: La exposición a la luz solar provoca al poco tiempo lesiones cutáneas visibles y el empeoramiento de la enfermedad que se padece.

Un posible origen del mito podría deberse a las personas que padecían estas enfermedades. Debido a sus lesiones cutáneas y al daño que la luz solar les provocaban, tendían a encerrarse durante el día y centrar su actividad por la noche, lejos de las inquisidoras miradas de los vecinos por el aspecto de su piel. Si era necesario salir a plena luz del sol, las ropas negras, con sombrero y capa eran un buen método de protección.

En las porfirias se produce una alteración metabólica en el proceso de síntesis del grupo Hemo. Este grupo está implicado en el transporte de oxígeno y se encuentra en los glóbulos rojos formando la hemoglobina. Debido a la alteración de la síntesis de dicha molécula se acumulan moléculas intermedias en la ruta de la síntesis llamadas porfirinas. Son estas porfirinas acumuladas en la piel las que provocan que, tras la exposición solar, se den una serie de reacciones químicas que produzcan lesiones cutáneas en forma de ampollas y quemaduras.

En casos bastante graves de porfirias, el aspecto puede dar pie a muchos mitos y más cuando hay ignorancia de por medio. Si quieren ver un caso real, aquí tienen uno: Porfiria (¡Aviso! Imágenes Impactantes). Gracias a Evil Preacher por descubrírmelas.

Palidez de la piel

El tono de los vampiros es de un blanco casi espectral. Una explicación a esta descripción tan tópica podría ser debido a la anemia por déficit de hemoglobina consecuencia de la porfiria. Al no sintetizarse suficientes glóbulos rojos y de la calidad adecuada, uno de los signos más llamativos es la palidez cutánea.

Intolerancia al Ajo

La alteración de la síntesis del grupo Hemo que se da en las porfirias puede verse aún más agravada por la ingesta de ajo. Eso se debe a que, de normal, las personas que tienen porfiria siguen produciendo el grupo hemo aunque en menor cantidad. En algunos tipos de porfiria, si además añadimos ajo, la alteración es mucho mayor ya que actúa “bloqueando” aún más el proceso de síntesis del grupo hemo. Por tanto, se produciría instintivamente una repulsión completa a este alimento tras tomar por primera vez este alimento y comprobar que sus síntomas empeoraban.

Presencia de sangre en dientes

Cuando pensamos en un vampiro con sangre entre sus colmillos es lógico pensar que hace poco que ha encontrado una víctima de la cual alimentarse. Precisamente, otra de las características de la porfiria es que las porfirinas pueden provocar orinas y dientes rojizos (eritrodoncia). La gente, llevada por la superstición, posiblemente confundiera esos dientes rojizos con la ingesta de sangre.

Sin reflejo en el espejo

Además de las porfirias, existe también una enfermedad que podría haber alimentado el mito del vampirismo: La rabia. En ella podría encontrarse una aversión al ajo y a la luz debido a una hipersensibilidad. Si unimos eso al hecho de que la rabia puede provocar un aumento de agresividad e hiperactividad que podría llegar a altas horas de la noche, la teoría de la rabia toma más fuerza. Precisamente, en la cultura popular de hace siglos se encontraba el dicho de que un hombre sin rabia podía mirar a su propio reflejo. De ahí que los vampiros no pueden verse reflejados en los espejos, al estar “rabiosos”.

Hombres Lobo

Hombre Lobo

Híbridos antinaturales con cierto aspecto humano pero con comportamiento totalmente animal, los hombres lobo a menudo se han asociado como monstruos inferiores en la jerarquía de los monstruos de terror. La poca capacidad de razonamiento que poseen les lleva a actuar en impulsos sin estrategias elaboradas de caza como los vampiros. La brutalidad y la puesta en escena sin rodeos es su modus operandi.

Aspecto de Lobo

El lupus eritematoso sistémico es una enfermedad autoinmune. El sistema defensivo no reconoce a los tejidos como propios, sino como extraños y comienza una reacción inmune contra el propio cuerpo. Es decir, se vuelve loco y no distingue aliados de enemigos. Es una enfermedad que puede manifestarse de mil maneras diferentes por lo que la llaman “la gran simuladora”. Una de sus principales manifestaciones es el enrojecimiento de la piel por un fenómeno de inflamación.

Su nombre, “lupus”, significa precisamente lobo en latín. Y no es casualidad, ya que puede provocar, debido a ese enrojecimiento de la piel en zonas concretas, una cara con aspecto de lobo.

Niño con Hipertricosis Aparte del lupus, también podríamos encontrar una enfermedad mucho más rara pero cuyo aspecto bien daría lugar a la confusión con un hombre lobo, la hipertricosis lanuginosa congénita.

La presencia de pelo a lo largo de casi todo el cuerpo que tienen las personas con este síndrome podría haber alimentado la imaginación de la gente. Fácilmente podrían haberse pensado que eran cruces entre hombres y lobos o simplemente monstruos salidos del más remoto bosque.

Agresividad Animal

Entre las numerosas causas que podrían explicar el comportamiento brutal de esta criatura, encontramos principalmente dos: La licantropía y los niños salvajes desarrollados desde pequeños en plena naturaleza.

La licantropía consiste en un trastorno mental en el cual la persona cree que es un lobo y se comporta como tal: Come carne cruda, se comunica por gruñidos, se mueve a cuatro patas, etc. En numerosos países de Europa a lo largo de la Edad Media se dieron numerosas situaciones de alarma social por la temida existencia de los hombres lobo (al igual que las brujas). Esta histeria colectiva pudo llevar a que trastornos mentales como la licantropía aparecieran aún más debido a la influencia que la cultura tiene sobre este tipo de trastornos. Aquellos que ya de por sí estaban al borde de la locura veían como ésta tomaba forma en aquello que más imaginación y miedo provocaba en la población.

Los niños salvajes, apartados de la sociedad desde pequeños, adquieren un comportamiento animal que bien podrían haber reforzado aún más el mito de los hombres lobo. Eran incapaces de comunicarse excepto con gruñidos. Aún con la más estricta educación tras reinsertarlos en sociedad, sólo se podía conseguir que mencionaran algunas palabras sueltas. Su forma de moverse, de comer y, en definitiva, de vivir, les convertían en el objeto de todas las miradas. La famosa historia de Mowgli en el Libro de la Selva no es sino una narración con una base más real que ficticia. Aún a día de hoy todavía pueden verse de tanto en tanto de niños criados en plena naturaleza que han logrado sobrevivir por ellos mismos.

Para saber más:

Vampire

Werewolf

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“El trabajo me estresa, recéteme algo, doctor.” La medicación como forma de cobardía o por comodidad.

31 10 2007

Receta Médica Las forma en la que una sociedad capitalista y de consumo influye en cada una de las personas que la componen son sutiles pero evidentes. Con dinero en la mano (o un buen enchufe “typical spanish”) se obtienen una serie de privilegios en muchos ámbitos diferentes: Vivienda, coche, viajes… Y si pagas por algo, bien porque lo necesitas, o bien porque crees que lo necesitas (la mayoría de las veces será por lo segundo), tienes derecho a exigirlo con todos tus derechos y todas las críticas que estimes oportuno. Eres un cliente, un consumidor y te han inculcado que tienes siempre la razón.

Sin embargo, quedan aún pequeños reductos (que no sé bien cuánto durarán con tanta privatización) que se libran del modelo de consumo actual, uno de ellos se trata del modelo de sanidad público español. Ahí el modelo ya no es “Tanto quiero, tanto pido y pago” sino que es un sencillo “Tanto necesito, tanto me ofrecen según sus posibilidades”. La sanidad, por tanto, no es algo a lo que se acuda, en un principio, por capricho. Se va sólo cuando se estima que es necesario.

Pero no todo en sanidad está libre del modelo de consumo. Tenemos las necesarias especialidades farmacéuticas publicitarias que todos hemos visto en la televisión y que cada uno es libre de comprar cuantas quiera. Eso sí, se trata de un grupo de fármacos bien definidos, seguros y que tratan síntomas y signos menores.

El problema llega cuanto el modelo de consumo comienza a invadir al modelo sanitario y la percepción de “necesitar” se va frivolizando hasta el punto de llegar al “creo que necesito”. En Estados Unidos, donde su modelo de capitalismo es aún más brutal, la sanidad es mayoritariamente privada y muchísimos medicamentos te los encuentras en los estantes del supermercado, este fenómeno es aún más llamativo.

En España ocurría todo lo contrario, la gente acudía al médico y se medicaba cuando era estrictamente necesario, a veces, incluso algunos se esperaban hasta el último momento. Sin embargo, cada vez nos acercamos más a la percepción americana de acudir al médico y medicarse ante lo mínimo. Que estemos igual que ellos también llegará a su debido tiempo, pero desde luego los ejemplos siguientes creo que hacen pensar hasta qué punto pueden frivolizarse el concepto de salud y enfermedad, además del consumo de fármacos:

  • Estados Unidos es el lugar donde más porcentaje de niños son tratados de hiperactividad y déficit de atención. Digo que “son tratados” porque es tal la cantidad de consumo de anfetaminas para tratarlos (como el Ritalin) que es imposible que todos ellos tengan este síndrome. O los requisitos para realizar el diagnóstico son muy relajados o bien muchos padres acuden al médico para que receten anfetas a sus hijos porque son “demasiado” activos. El problema ahí no se convierte en un asunto de salud, sino de tolerancia. La tolerancia de los padres a aguantar a sus hijos en las fases más activas de su vida. Muchos de los padres que acuden al médico no tendrán realmente un niño hiperactivo, pero da trabajo y tenerlos tranquilos es muy cómodo. Se receta un fármaco, con todos sus efectos adversos y riesgos de dependencia que acarrean, ya no por salud y porque se necesite, sino por la comodidad que aporta. Y como si pagas, lo tienes, pues se convierte en un producto de consumo más.

  • La utilización de jarabes para la tos con codeína para sedar a los niños y que duerman tranquilitos es también una práctica más extendida de lo que ustedes se piensan. Aquí, a diferencia de las anfetas para el niño “demasiado” activo, es una práctica que se oculta. La razón es muy sencilla, el jarabe para la tos está contraindicado en niños precisamente por el efecto sedante de la codeína y porque hay bastantes riesgos si no se adecua la dosis. Pero como es algo que se puede comprar sin receta y que va de lujo para tenerlos dormiditos, pues se echa mano de él. Es muy cómodo y, total, es otro producto de consumo más que sale en la tele. No se piensen, ni por asomo, que los McCann son sólo un caso aislado.

  • Las visitas al médico de gente que considera que tiene depresión o ansiedad ante el más leve revés de la vida son muy frecuentes. Ya sea que a alguien le ha dejado la novia, le ha salido mal un asunto familiar o se estresa en el trabajo, cada vez se acude más a consulta por temas así. La tolerancia a todos esos episodios de la vida, que ocurren antes o después, es cada vez menor. Y cada vez se acude más al médico no para tratar el problema sino para ocultarlo.

Para que comprendan la situación en global, lo explico a través de una metáfora. Imagínense que tienen una fractura de radio (en el antebrazo) y acuden al médico, porque verdaderamente lo necesitan, y sólo le piden que les suministre antiinflamatorios para tratar al dolor. La fractura sigue estando ahí pero como si siguen tomándose los antinflamatorios no van a sentir molestias, dan ambos el asunto por solucionado. Absurdo, ¿verdad? Pues es lo que se hace a diario para tratar “lesiones” psicológicas.

Muchas de las veces, el paciente describe un problema mental ante algo externo que no es sino una respuesta normal ante esa situación. Es normal estar alguna vez con “bajón” o con una temporada con más ansiedad de lo normal por jaleos del trabajo. Somos humanos, seres emocionales y lo anormal sería mantenerse impasible ante cualquier circunstancia. Pero como el paciente no sale contento de la consulta si no es con la receta de unas pastillitas, hay quienes terminan siendo recetados innecesariamente. Porque no se tratan de verdaderos cuadros depresivos ni de ansiedad y porque además el tratamiento es meramente sintomático. Están ocultando su problema. Si los jaleos del trabajo o la situación que ha provocado la “depresión” persisten, el tratamiento lo único que va a hacer es paliar los síntomas, pero en el momento en que se dejen de tomar, las manifestaciones volverán a aparecer porque la causa no se ha solucionado. Eso sin contar con los riesgos de efectos adversos y dependencia que tienen estos fármacos.

Pero, claro, es rápido y muy cómodo mirar para otro lado y no tratar de echarle narices y enfrentarse al problema que provoca el malestar. Mejor pienso que es un problema de salud, tomo pastillitas, yo me siento mejor, miro para otro lado y procuro pensar que la causa ya no me afecta, aunque me hago dependiente psicológico de esas pastillas que no debería necesitar pero que he utilizado. ¿Para qué voy a ir a un psicólogo, que me ayude a manejar la situación en la que estoy y enfrentarme a la verdadera causa del problema? ¡Es mucho tiempo, requiere esfuerzo y ser valiente!

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