¿Podremos ser inmortales? ¿Existe un límite para la longevidad humana?

Colaboración con Muy Interesante.

Pareja mayor
Pareja mayor – iStock

Nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos. Así es el ciclo de la vida de innumerables especies que pueblan el planeta Tierra, incluida la del Homo sapiens. Desde el mismo momento en el que somos concebidos, múltiples mecanismos empiezan a afectar a nuestro organismo de forma lenta, pero inexorable, marcando un destino que culmina con nuestro fallecimiento. Este proceso, que conocemos como envejecimiento o senescencia, supone la pérdida progresiva de la integridad de innumerables componentes del organismo, lo que afecta a sus funciones y va incrementando, con el tiempo, el riesgo de morir. Así, detrás de multitud de dolencias como los trastornos cardiovasculares, el cáncer, la diabetes tipo II o las enfermedades neurodegenerativas hay un culpable principal: la edad.

Sin embargo, ¿estamos condenados a tener una vida donde el envejecimiento sea inevitable? ¿No hay excepciones para este desenlace final? Lo cierto es que este destino no está marcado a fuego para todos los seres vivos. Existen contados organismos como la medusa Turritopsis dohrnii que son biológicamente inmortales. Es decir, no envejecen y podrían vivir, en teoría, eternamente si ninguna amenaza externa pusiera fin a su vida.

Desafortunadamente, no es nuestro caso. El organismo humano no tiene la capacidad para evitar el envejecimiento y regenerarse a sí mismo indefinidamente. Llega un momento en el que la acumulación de daños a distintos niveles: en moléculas (como el ADN), en células, en tejidos y en órganos/sistemas termina poniendo fin a la vida.

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