¿Qué pasaría si siguiéramos la lógica judicial de la reciente sentencia del glifosato?

Colaboración con eldiario.es.

Hace tan sólo unos días,  un jurado de California condenó a la multinacional Monsanto a pagar 289 millones de euros a un jardinero con cáncer terminal al no advertir correctamente del riesgo para la salud derivado del uso del herbicida glifosato. Se afirma, además, que «la omisión de las advertencias necesarias fue ‘un factor sustancial’ en la enfermedad de Johnson, que tiene 46 años y padece linfoma no hodgkiniano (un cáncer en los linfocitos de la sangre)».

Esta reciente noticia es un ejemplo ilustrativo más de cómo el ser humano tiene un doble rasero a la hora de valorar los riesgos sanitarios de aquello que le rodea. De vez en cuando, las alarmas por los riesgos sanitarios se basan más en la percepción subjetiva a partir de los medios de comunicación y diversas asociaciones que en las evidencias científicas razonadas y puestas en contexto. Así, la reciente sentencia del glifosato es otro caso más de cuando la ciencia y la justicia van cada una por su lado.

 

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