La esclerosis múltiple y el mimetismo molecular, una misteriosa clave tras las enfermedades autoinmunitarias

Colaboración con eldiario.es

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El sistema inmunitario es esencial para nuestra supervivencia. Sin su protección, moriríamos al cabo de unos pocos días o semanas, a merced de los microorganismos que invadieran nuestro cuerpo. Tan solo vivir en una burbuja en condiciones de esterilidad nos podría librar de ser presa de las más variadas infecciones. Así, nuestra vida diaria, en constante exposición con infinidad de microbios, sería sencillamente imposible. Sin embargo, no pocas personas pueden también culpar al sistema inmunitario de provocarles graves enfermedades e incluso la muerte. Errar es humano y este complejo sistema, como parte de nuestro cuerpo, tampoco se libra de dicha premisa.

Esta pandemia de COVID-19 nos ha vuelto a recordar lo peligroso que puede ser un sistema defensivo que actúa de forma equivocada. De hecho, gran parte de las personas fallecidas por la COVID-19 no murieron por el propio SARS-CoV-2, sino por una reacción inmunitaria desproporcionada (hiperinflamatoria) que terminó por provocar graves daños en tejidos como el pulmón, hasta el punto de causar la asfixia.

Con la aparición de las vacunas, el sistema inmunitario volvió a darnos una amarga sorpresa: en raras ocasiones, las vacunas de AstraZeneca y de Janssen llevan al sistema inmunitario de algunas personas a producir autoanticuerpos contra una proteína presente en la superficie de algunos tipos de células humanas, lo que termina provocando coágulos sanguíneos con déficit de plaquetas.

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