¿Podría la exposición a otros coronavirus protegernos frente al virus SARS-CoV-2?

Colaboración con eldiario.es

Coronavirus

El mundo se ha convertido en el escenario global de la lucha de la humanidad contra el virus SARS-CoV-2 por la pandemia de COVID-19: confinamientos, mascarillas, cierres de fronteras, colegios y establecimientos, respiradores, distancia de seguridad, geles hidroalcohólicos… A nivel microscópico, sin embargo, esta lucha tiene lugar principalmente entre el nuevo coronavirus y el sistema inmunitario, y ahí los seres humanos somos un mero campo de batalla. Las ansiadas vacunas, que podrían poner fin a una de las mayores crisis sanitarias del siglo, no son más que una herramienta para entrenar al sistema inmunitario y así vencer al coronavirus en el primer combate.

Aunque el sistema inmunitario destaque por ser un complejo sistema biológico que actúa con precisión contra agentes extraños, sus respuestas no carecen de efectos colaterales para el cuerpo humano. El malestar y la debilidad general, el dolor de cabeza o la somnolencia son consecuencias habituales e indeseadas de la respuesta de este sistema cuando existe una infección. En los peores casos, el sistema inmunitario pierde la habilidad de distinguir amigos de enemigos y desencadena enfermedades: los trastornos autoinmunes (como el lupus o la esclerosis múltiple) o las alergias son las manifestaciones de ello. Sin embargo, esta falta de precisión del sistema inmunitario no siempre tiene por qué ser perjudicial. De hecho, cada vez existen más evidencias científicas que indican que la imprecisión inmunitaria podría haber sido una aliada desconocida en esta pandemia y, a su vez, podría ser una herramienta a usar a nuestro favor contra el coronavirus.

Desde que se identificó el nuevo coronavirus, múltiples investigadores plantearon la posibilidad de que su gran similitud genética con otros coronavirus podría hacer posible que el sistema inmunitario de las personas infectadas previamente por ellos pudiera responder con más efectividad al virus SARS-CoV-2, evitando parcial o totalmente la enfermedad COVID-19. De hecho, este virus comparte un 80% de su genoma con el virus SARS, que provocó una epidemia de síndrome respiratorio agudo grave en Asia en 2003 y despareció. ¿Estarían las personas que pasaron esta enfermedad protegidas frente a la COVID-19? Lo cierto es que aún no lo sabemos con certeza, pero una reciente investigación publicada en la revista científica Nature ofrece más resultados que refuerzan esta posibilidad.

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