Ilustraciones anatómicas del período Edo japonés
Shora | 20 diciembre, 2010 | 11:04 PMA lo largo del tiempo hemos ido recogiendo en MedTempus diversas ilustraciones anatómicas de antigüedades y culturas muy distintas: En Ilustraciones médicas de la vieja escuela podíamos contemplar con nostalgia imágenes de anatomía occidentales de hace siglos con ese puntito artístico tan característico. Si lo que queríamos era más realismo y algo más actual, teníamos a los humanos translúcidos. Y si lo que queríamos era un toque de frikismo, las ilustraciones anatómicas de dibujos animados como Pikachu o Betty Boop nos aportaban ese saborcillo desenfadado y bromista.
Las ilustraciones de hoy nos llevan al otro extremo del mundo, a Japón, durante su período Edo (comprendidos entre los siglos XVII y XIX), época de samurais y de conflictos por la apertura al mundo exterior. Sus ilustraciones llaman la atención por su marcada simplicidad (si lo comparamos con ilustraciones occidentales de la misma época), y por esa forma de dibujar tan marcadamente asiática. Aunque también podemos encontrar a viejos conocidos como los trepanadores, que hacían de las suyas en múltiples culturas, ya fuera entre los rostros pálidos o entre los ojos rasgados.

La ciencia no sólo está para ampliar nuestro conocimiento y aplicarlo en beneficio del ser humano, también tiene el deber de acercarse al gran público para que éste no quede al margen de sus avances y sepa valorarla y, hasta cierto punto, comprenderla. Si viviéramos en la era de las cavernas podríamos permitirnos vivir sin tener ni idea de ciencia, pero en un mundo cada vez más dependiente de la ciencia y la tecnología, ignorar sus principios más básicos es extremadamente peligroso a largo plazo.
Colaboración con Amazings:
No hay mayor reconocimiento social y científico en el mundo para un investigador que el hecho de recibir el Premio Nobel. Conseguirlo no sólo aporta el prestigio máximo del mundo de la ciencia sino que, en muchos casos, la persona pasa de ser casi un completo desconocido a una autoridad pública encumbrada por los medios de comunicación. Que los Nobel elevan a sus premiados al Olimpo de la Ciencia no es, en cierto modo, una exageración: Sus discursos y afirmaciones pasan al plano público con una autoridad casi divina. Sin embargo, a menudo se nos olvida que, pese a ser personas sobresalientes en campos concretos de la ciencia, siguen siendo tan humanos como nosotros, lo que incluye la humana propiedad de equivocarse, incluso estrepitosamente.

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